Por: Juan José Ramos Melo

Fotos: Juan José Ramos/Adobe Stock

El Aaiún se ubica en el extremo occidental del desierto del Sáhara, en un territorio singular donde la inmensidad de las dunas de arena dorada se funde de forma abrupta con el intenso azul del Atlántico. Este contraste entre el mundo árido y el mar abierto define la identidad de la ciudad y de su entorno, convirtiéndola en un destino de gran atractivo para viajeros ecoturistas, observadores de la naturaleza y para aquellos que buscan un viaje cultural inolvidable.

Layounne, conocida en español como El Aaiún, es la ciudad más poblada y el principal centro administrativo, económico y logístico del Sáhara. Fue la capital de la antigua colonia del Sáhara Español hasta mediados de los años setenta del siglo XX, un legado que aún se reconoce en su urbanismo. La ciudad conserva algunas edificaciones coloniales de arquitectura militar, sobrias y funcionales, que forman parte de su patrimonio histórico. 

La ciudad creció en torno al humedal de la Saquiat el Hamra, a unos trece kilómetros del océano Atlántico, en un cauce estacional que durante épocas concretas del año puede llenarse de agua repentinamente. La presencia de agua condicionó históricamente el asentamiento humano, por lo que esta zona fue usada en el pasado como campamento de las tribus nómadas pobladoras del desierto y posteriormente determinó el asentamiento de El Aaiún, fundado por los españoles en 1938.

En la actualidad encontramos una ciudad moderna con grandes avenidas y calles llenas de tiendas que venden toda clase de productos tecnológicos y artesanales, mercados abarrotados de frutas y verduras cultivadas en las tierras fértiles del norte, carnes de camello y cordero y pecados y maricos capturados en las ricas aguas saharianas. 

En el centro de la ciudad se encuentra la mezquita Moulay Abdelaziz, lugar de culto y un punto de encuentro para los habitantes de la urbe sahariana, y la plaza El Mechouar, el sitio donde late la vida local.

Sin lugar a duda un imprescindible que ver en El Aaiún es el barrio español, donde aún se conservan edificios como el antiguo cine, el casino, el parador de turismo, algunas de las viviendas de los oficiales y la catedral de San Francisco de Asís, construida en 1954 y abandonada como lugar de culto. Destacan, además, algunas edificaciones con techos en forma de cúpulas esféricas, diseñados para imitar las jaimas y las dunas del desierto.

El humedal de la Saquiat el Hamra está formado por una serie de charcas y lagunas de diferentes tamaños y constituye uno de los espacios naturales más valiosos de la región. Este lugar actúa como refugio para numerosas aves acuáticas y migratorias, entre las que destacan los bandos de flamencos, acompañados por tarros canelos, garcillas bueyeras, moritos, cigüeñuelas y cercetas pardillas. En un paisaje dominado por la aridez, la presencia de estas especies convierte la laguna en un auténtico oasis de biodiversidad, especialmente interesante para los observadores de aves y fotógrafos de vida salvaje.

En la franja litoral, las playas de arena blanca golpeadas por el Atlántico ofrecen un escenario salvaje y poco transformado, donde el viento, las mareas y el oleaje modelan un paisaje cambiante. Layounne Plage, situada en la costa, combina estos valores naturales con la actividad humana, al albergar un importante puerto pesquero que refleja la relación entre El Aiún y el mar, base de sustento para muchas familias de la zona.

El Aaiún es también punto de partida de importantes rutas, como la carretera hacia Esmara, que se adentra en el Sáhara y permite comprender la inmensidad del desierto, los campamentos beduinos y la profunda relación entre la población saharaui y su territorio. 

Saliendo hacia el sur, rumbo a Dakhla, nos cruzamos con la espectacular cinta transportadora de Buikra, una de las más largas del mundo. Con ciento cinco kilómetros, atraviesa el desierto transportando el fosfato extraído de las minas interiores hasta la costa, donde es embarcado rumbo a diferentes lugares del planeta. 

La experiencia viajera se puede complementar recorriendo la carretera de la costa hasta Tarfaya, una ruta de gran belleza escénica que discurre por campos de dunas móviles, grandes zonas costeras donde observar multitud de aves alimentándose y rincones salvajes para disfrutar espectaculares puestas de sol.

El Aaiún es, en definitiva, un territorio donde naturaleza, historia y cultura se entrelazan para ofrecer al viajero una experiencia única en la frontera viva entre la arena del desierto y el océano Atlántico.

¿CUÁNDO VIAJAR A EL AIÚN?

El clima de la ciudad es muy seco y caluroso, y se registran muy pocas precipitaciones durante todo el año. Los meses más calurosos son julio y agosto, en los que los termómetros pueden superar los cuarenta grados. La mejor época para visitar la zona es de septiembre a abril.