Texto: Galo Martín Aparicio

Foto: Irene González Navares

Fue precoz en la música y en la escritura. Ha hecho carrera de su vocación y ahí sigue. Escribiendo, también hablando a un micrófono, delante de una cámara y guiando a grupos de personas curiosas por entender el entorno y el contexto de escritoras como Jane Austen. Las trazas de exploradora que contiene el cuerpo de Espido Freire la empujan a probar diferentes formatos del lenguaje. No se conforma, no le teme a lo que hay fuera de los márgenes. 

¿Precoz es sinónimo de Espido Freire?

Lo fue. Yo tenía arranques y unos gustos muy definidos por los que apostaba con mucha radicalidad cuando era niña. Muchos adultos alrededor no me entendían del todo, pero me dejaban hacer. Mis padres no escatimaron ningún esfuerzo para que las hijas estudiáramos lo que queríamos. 

¿Por qué cree que se les da tanto la espalda a las humanidades y a las bellas artes en España?

Las humanidades y las bellas artes fueron un signo de distinción que, poco a poco, por diferentes episodios históricos, guerra y crisis sociales, políticas y económicas, se convirtieron en una fábrica de parados, como se solía decir cuando yo estudiaba. Es una cuestión de productividad. Dedicarse a lo literario o artístico se veía más como un capricho que como una ocupación estable. Eso llevó a priorizar estudios considerados más productivos: ingenierías, económicas, derecho.

¿Se puede enseñar a escribir o es una cuestión de talento?

Creo que esa es una visión relativamente anticuada que idealiza el talento como un don concedido por los dioses. Hay habilidades, facilidades y vocaciones. Si alguien ha deseado escribir durante toda su vida, aunque nadie le haya enseñado, habrá pergeñado historias. Si tomas esa vocación y la diriges, el resultado será mucho mejor que si te guías solo por intuición. 

¿Cómo ha cambiado el mundo editorial desde que empezó a publicar?

La gente ya no va tanto a las librerías. Compra a través de plataformas. El librero ya no es el único prescriptor. Tampoco el crítico literario. Ahora hay mucha crítica por impulso, las prescripciones por redes sociales. También han surgido autores que vienen de las redes sociales. 

Se habla mucho del turismo de pantalla, ¿qué pasa con el turismo literario?

Mi primer viaje sola fue a Roma a cantar. Siempre que he viajado ha habido una excusa cultural: conferencias, congresos, encuentros. Por mi vida y mi perfil he estado vinculada a lugares que tienen una tradición cultural y una intención literaria, también artística. ¿Que adónde me ha llevado? Principalmente a Europa, Norteamérica y Latinoamérica.

Si el Reino Unido lo asociamos a Jane Austen, ¿con quién asociaría al archipiélago canario?

Mi novela Soria Moria transcurre en Canarias. Es una de mis tierras míticas. Y lo es porque son islas y volcánicas. Hay una autora claramente vinculada a Canarias, Agatha Christie. Otros autores pueden ser Juan Cruz y Santiago Díaz, que reivindica el legado histórico, mitológico y de las leyendas de las Islas.

Escribe, también habla en diferentes medios…

Yo tenía claro que quería vivir de esto, así que intenté ser prudente. Eso significaba formarme y diversificar, es decir, yo entendí que una escritora no solo escribe historias, también genera una opinión, que también puede aportar en otros espacios, como lo son los congresos. Mi idea es más la de una escritora intelectualizada que de ficción. No hago manifestaciones políticas porque no me gusta ser utilizada. Mis ideas, algunas son privadas y otras públicas. Solo expreso en público las ideas que creo que le pueden aportar algo a alguien. Mi equidistancia, que no es indiferencia, es medida y pensada, y pago un precio por ella. 

¿Qué cree que va a dejar de hacer antes, escribir o viajar?

Dejaré antes de viajar. Escribir lo puedo seguir haciendo mientras conserve la lucidez.

Espido Freire nació en Bilbao en 1974. Es una de las autoras más reconocidas de la narrativa española contemporánea. Con veinticinco años, en 1999, ganó en el Premio Planeta gracias a la novela Melocotones helados. Su último galardón ha sido el XX Premio Eurostars Hotels de narrativa de viajes con Guía de lugares que ya no existen, publicado por RBA.