Por Juan Manuel Pardellas

Ilustración Judit García-Talavera

Nació en Senegal en 1990 y con solo dos años llegó a Algeciras en compañía de su madre. Cursó Turismo, jugó al baloncesto, es actor, humorista, activista, modelo, y desprende una buena vibra que contagia.

Thior considera que hacer humor es algo muy serio: “Que cada uno haga el humor que quiera y ya cada uno con sus consecuencias, exacto. Pero para hacer humor de un tema sensible es importante entender las lógicas de ese tema. Lo primero es estudiar y entender. Debe haber un proceso de introspección sobre el qué, cómo, por qué, cómo me he construido, cómo se construyen otras personas de otras razas. Por ejemplo, mis amigos blancos, ¿qué pensamientos tienen sobre su propia identidad?, ¿cómo se han construido? Existe una construcción por la cual se piensa que las personas negras siempre somos recién llegadas, cuando no es así”.

Como vive a camino entre Cádiz y Madrid y siendo esta una revista de viajes, si le parece, hágame de embajador y dígame tres lugares para visitar en ambos destinos Binter.

Qué bueno. Lo primero, Algeciras, por Paco de Lucía; Ubrique, que pertenece a la ruta de los pueblos blancos, que es la sierra de Cádiz, que es absolutamente maravillosa. Y yo recomendaría San Fernando. San Fernando mola muchísimo.

De Madrid, me gusta muchísimo el Templo de Debod, que se ven unas puestas de sol que son absolutamente maravillosas. Hay un parque en Vallecas que se llama Cerro del Tío Pío, pero realmente todo el mundo le conoce como el parque de las Siete Tetas porque son siete colinas. Y se ve todo. Tienes todo el skyline de Madrid. Y un sitio que me gusta muchísimo es justo debajo del acueducto de la calle Segovia, el acueducto de Bailén. Justo debajo del acueducto de Bailén hay un parque que está superbonito.

Hablemos del mundo viaje. Estudió turismo. Viajar rompe fronteras físicas y mentales. ¿Recuerda un lugar, un momento, una conversación que le haya removido por dentro?

Pues mira, sí. Una vez viajando hacia Venecia, un hombre que estaba a mi lado me empezó a preguntar y hablamos. Fue de las conversaciones más interesantes y trascendentales que he tenido en mi vida. Él tenía cáncer terminal y se iba a morir. Conocí la perspectiva que te da una persona que ya sabe que se va a morir y que lo asume sin ningún tipo de problema.

Me dijo una frase que me afectó muchísimo. Le pregunté: «¿Cómo te sientes al saber que te quedan dos o tres meses de vida?» y me contesta: «La verdad es que me siento más aliviado». Le digo que yo no sabría cómo podría vivir así; entonces me responde: «Todos vamos a morir; lo único es que yo sé cuándo».

Y fue una revelación. Me di cuenta de que a mí también me podían quedar dos meses de vida, pero no lo sé. Entendí que ver el límite hace que priorice otro tipo de cosas. Fue maravilloso.

Cuando uno hace el equipaje, dice mucho de quién es. ¿Qué no falta en su maleta?

Una plancha (se ríe). Me relaja mucho planchar. Obviamente, eso me lo he mirado mucho y he entendido que me relaja el hecho de que las cosas pasen de estar arrugadas a estar lisas, que con tiempo y con paciencia todo puede volver a su sitio.

En el mundo del turismo también ha irrumpido lo gastro y usted domina dos cocinas diferentes, España y Senegal. ¿Qué plato de un lado y de otro son imprescindibles?

Desde el lado de Senegal, el mafe, que está hecho con arroz blanco y con salsa de crema de cacahuete, que es que se te va la olla, tío, está impresionante, me encanta. Y desde el lado de Cádiz me gusta mucho la ensaladilla rusa, pero como se hace allí, con un aliño especial, que es el mismo con el que se hace el salmorejo.

Hay dos momentos cumbre en su carrera: No hay negros en el Tíbet y La ley del mar. En esta última, ¿qué experiencia le hizo reflexionar como artista y de forma íntima?

La ley del mar ha supuesto un punto de inflexión en mi carrera, por muchos motivos. Fue la demostración de que el problema no es que a las personas negras nos pongan siempre los mismos papeles, que también, sino que es la profundidad del papel. El personaje de Barack tiene una dimensión similar a los de Luis Tosar o Blanca Portillo. Y eso es lo que hizo que se provocara ese punto de inflexión.

Ese papel también fue determinante porque significa un cambio de paradigma. Siempre pongo el caso de Jim Carrey, Robin Williams, actores de comedia que han protagonizado dramas absolutamente maravillosos.

Y, en tercer lugar, me marcó porque soy una persona negra que vive en Algeciras desde que tenía dos años, y por supuesto que conozco personas que han venido en patera. Hubo un momento en el que a nivel de cámara necesitábamos que no hubiera ningún barco cerca. Estábamos en un botecito cincuenta personas en medio del mar y realmente te planteas que eso es muy fuerte realmente. Fuimos conscientes de que esto pasa realmente, que hay que darle toda la legitimidad y la veracidad que se merece.

¿Cómo explicar que una persona, una joven, una embarazada o incluso un niño se lo juegue a una sola carta, se meta en una barca con solo dos opciones, morir o alcanzar la costa de Europa?

Es una cuestión de mínimos. Aquí hay una serie de mínimos que en otros lugares son cosas inimaginables en su vida diaria. Eso coloca a los seres humanos en dos perspectivas completamente diferentes.

Por ejemplo, que te dé un dolor enorme y puedas ir a un médico, que si no puedes por tus medios, te recoja una ambulancia, que circule por una carretera decente. Otro, tú sabes que si tu hijo o hija sale a la calle, volverá. No habrá nadie que los secuestre. Otro ejemplo, tu libertad sexual puedes expresarla como quieras. Por no hablar de conflictos armados.

Esos mínimos en muchas ciudades y países son inimaginables, inalcanzables. Todos queremos una vida mejor, y pensemos en el nivel de desesperación de una persona para jugarse la vida subiéndose a una barca.

Y existe un factor más. Nuestros mínimos se asientan en regiones en las que no hay esos derechos. Te lanzo una pregunta clara: ¿estarías dispuesto a ser más pobre para que otros países pudieran vivir mejor? ¿Realmente quieres que tu móvil te siga costando setecientos euros en vez de cuatro mil y así quienes recogen el coltán puedan vivir dignamente?

Si tú no sacrificas esto, no puede extrañarte que otras personas en otros lugares estén en la miseria para que tú puedas vivir mejor.