Texto: Juan Manuel Pardellas
Ilustración: Por Judit García-Talavera
Ángela Delgado, presidenta de ASAGA, forjó su vocación por el campo desde niña: creció en San Miguel de Abona, en un entorno rural y agrícola. Recuerda que su padre la educó para hacer en la finca «lo mismo que un hombre», enseñándola a defenderse en un mundo tradicionalmente masculino. Está obsesionada con que la Administración elimine tantas trabas a los hombres y mujeres del campo.
«Un escenario optimista a veinte años –visualiza Delgado– implica apoyarse en la tecnificación y la innovación, con instrumentos que aporten datos sobre el funcionamiento de una explotación. La economía circular es y será otro aliado. La profesionalización del campo canario implicará contar con una nueva generación de jóvenes agricultores y ganaderos, con visión empresarial, apostando por la calidad, la eficiencia y la rentabilidad».
Y a la clase dirigente, un mensaje claro: «Flexibilizar el acceso a las ayudas, facilitar el camino a los emprendedores, proteger el producto local frente a la competencia exterior y dinamizar el medio rural».
¿Cree que el consumidor entiende realmente el impacto económico de elegir producto local?
Creo que una parte de los consumidores cuando compran productos locales lo hacen por una cuestión de sabor, frescura, identidad y porque saben que con su acción ayudan al productor canario. En este sentido, hay una intención de apoyar lo propio, pero no siempre se es consciente, por desconocimiento, de la magnitud de ese impacto económico real que genera la decisión de compra. Cuando se paga por un alimento de origen canario se contribuye a reactivar la economía, crear empleo, mantener un paisaje, evitar la fuga de capitales y generar riqueza en Canarias. Las campañas de promoción, respaldadas por las instituciones públicas, para animar al consumo local han contribuido en los últimos años a despertar conciencia. Estas campañas son necesarias y deben seguir contribuyendo a visibilizar la amplia gama de producciones agrícolas y ganaderas que ofrecemos en nuestro territorio y, sobre todo, a poner el foco en la autosuficiencia alimentaria. Cuanto mayor sea nuestra despensa, menos dependientes seremos del exterior y, en medio de un panorama internacional tan complejo como el actual, esta motivación debería ser una obligación.
Si pudiera lanzar un mensaje directo a los consumidores canarios, ¿cuál sería?
Consume alimentos que dejen huella económica y social en Canarias.
¿Cómo puede competir el producto canario frente a importaciones más baratas?
No puede competir en volumen, porque nuestras producciones son pequeñas comparadas con las importaciones, pero sí puede hacerlo en frescura, seguridad y calidad alimentaria, además de por su singularidad. En estas características radica nuestra diferenciación y ese es nuestro gran potencial. Las importaciones, sobre todo las procedentes de terceros países, incumplen con los estándares exigidos en la Unión Europea, que son los más altos del mundo, y por eso pueden venderse más baratas. Si en los puntos de venta identificaran, además del origen, las condiciones de producción de ese alimento con sustancias tóxicas prohibidas y condiciones laborales penosas para los trabajadores del campo, probablemente nos lo pensaríamos dos veces antes de elegir un producto importado por muy barato que sea.
¿Qué tendría que cambiar para que trabajar en el campo fuese un proyecto de vida viable?
Tiene que cambiar el modo en el que se percibe la profesión de agricultor o ganadero por parte de las administraciones públicas y las normativas que regulan la actividad. Se tienden a romantizar la agricultura y la ganadería. Imaginan un paisaje bucólico de prados verdes, vacas pastando y un pequeño huerto del que alimentarse, y en ese imaginario construyen leyes que acaban chocando con la realidad de cada territorio, sobre todo con el nuestro: una región ultraperiférica, alejada y fragmentada con parcelas diminutas que nada tiene que ver con el resto de Europa. Nos tienen que dejar crecer para ser rentables.
Ese crecimiento implica disponer de planes de ordenación; asegurar precios justos que cubran los costes de producción; fomentar la transformación de productos en origen (en la propia explotación) y la venta a través de estructuras fuertes; reducir los costes de producción; implementar políticas que faciliten el acceso a la tierra… Cabe recordar que Canarias es la región con el precio del suelo agrario más caro de España, un hándicap que frena a muchos emprendedores a la hora de invertir en el sector agrario. Un proyecto de vida viable vinculado al sector agrario debe sustentarse a su vez en unas condiciones iguales a las de cualquier otro empresario: acceso a internet en las zonas rurales, buenas comunicaciones, disponibilidad de servicios sanitarios y educativos para fijar la población y evitar el abandono, así como sistemas hidráulicos que garanticen el agua de riego.
Por último, y no menos importante, reducir la burocracia y seguir contando con las ayudas económicas procedentes de la UE. Eso sí, con un gobierno autonómico que cumpla con la ejecución de los fondos de forma eficiente para no tener que devolver recursos destinados al desarrollo del sector.






