Texto: Juan Manuel Pardellas

Ilustración: Judit García Talavera

Un ciudadano comprometido, muy comprometido, con su tierra y la cultura. Casi veinticinco años de documentalista avalan a este director del norte de Tenerife, que, en un gesto muy simbólico, paseó el Goya obtenido por Mariposas negras por las calles de Garachico.

En la página de su productora, Tinglado Films, se encuentran algunas de las claves de su enorme sensibilidad y éxito posterior: David Baute (1974, Garachico) estudió realización de programas audiovisuales en el Instituto Oficial de Radio Televisión Española. Continuó sus estudios en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos de Madrid T.A.I. como editor de cine, y de dirección cinematográfica en la Escuela Internacional de Cine de La Habana, Cuba.

Mientras en su productora se gestionan actualmente una veintena de proyectos cinematográficos, Baute simultanea su pasión con la dirección de una decena de proyectos culturales, como festivales de cine ambiental, danza, teatro, circo, sátira  y proyectos de recuperación de la tradición oral. Todo un ejemplo que seguir, escuchar y, sobre todo, con el que ver y pensar.

Mi sensación es que Mariposas negras lo ha catapultado a otra dimensión en la industria y en los medios. ¿Por qué ahora?

Supongo que es porque Mariposas negras ha tenido un recorrido importante en festivales, en premios internacionales y nacionales. Y eso es lo que hace que tu obra tenga una mayor dimensión. Seguimos haciendo lo mismo, nuestras producciones siguen en una misma línea desde hace años, de un cine un poco más autoral, reflexivo, quizás crítico, con temas o cuestiones vinculadas con el medio ambiente, con lo social, con lo político también. Lo normal es no tener premios, porque hoy en día se hacen tantas producciones audiovisuales que es casi imposible estar en un festival de los grandes. Se presentan tres o cuatro mil películas de las cuales seleccionan cincuenta o sesenta. Lo normal es no estar y que no te decepciones por ello. Es decir, lo normal es que no esté y eso no debería ser una decepción, pero hay mucha gente a la que eso le decepciona. Llega un premio, muchos medios que se interesan por tu obra y el público se interesa más por ti. En este caso, especialmente ha estado muy bien porque el asunto es la migración climática, un tema de urgencia, de gravedad, y, cuanto más se difunda, mejor para todas estas personas.

En Mariposas negras, ¿qué le aportó la animación respecto a los trabajos con actores? 

Realmente para mí la película sigue teniendo algo de documental. Soy documentalista, es el género con el que me siento más cómodo, donde noto que hay más verdad en todo, en los temas, el propio rodaje, el equipo; me siento como muy cómodo rodando en ese en ese ambiente. El documental es un cine que va más allá del reportaje televisivo y que utiliza herramientas cinematográficas para construir una obra, en cuanto a lenguaje de narrativa, en lo artístico, en montaje, fotografía… Mariposas negras bebe mucho de eso. Todos los planos que aparecen en la película son dibujados a partir de imágenes reales grabadas como documental. También es verdad que la animación llega a un público mayor. Las tres protagonistas son personas reales y sus historias son reales. Así que en ese sentido, para mí sigue siendo parte de lo que ya hacía y parte de lo que sigo haciendo, que es cine documental.

Es un veterano de la industria, muy galardonado. ¿Qué recomendaciones daría a quien quiere iniciarse en el cine? 

Uy, veterano dice, espero, que no [risas]. Llevamos casi veinticinco años realizando cine documental, buscando financiación, levantando producciones, haciendo no solo proyectos míos y dirigidos por mí, sino de otras personas. Y andamos con la productora en un buen momento. No me gusta recomendar. Pero desde mi experiencia pediría que la gente se forme mucho. Esto no va de estudiar algo rápido y ya ponerse a hacer algo. En el caso del cine, sobre todo ver mucho cine. Es muy bonito conocer qué se hace de cine en otros lugares del mundo, qué se ha hecho a lo largo de la historia, y de ahí seguramente va saliendo tu manera de mirar. Cuando hayas visto mucho cine y tengas una idea, lo mejor es dedicarle tiempo a desarrollar ese proyecto antes de lanzarse a producirlo. Esta etapa de desarrollo cada vez es más importante. Detener el tiempo para investigar bien sobre lo que vas a hacer, detener el tiempo para realizar un guion. Detenerte para saber cómo lo quieres filmar, cómo lo quieres grabar en cuanto a cámara, sonido…; pensarlo bien todo hasta la postproducción. Todo esto requiere tiempo. Y luego hace falta financiación y saber moverse no solo aquí, sino en ayudas nacionales e internacionales, fondos de financiación, que los hay por todo el mundo, y cadenas de televisión, distribuidoras, agentes de venta, fondos de festivales, fondos internacionales o de otro tipo. 

¿Puede vivir de ser guionista, productor y director de cine?

Se puede vivir de lo que te guste si lo trabajas mucho; nada se regala. Yo me he dedicado y vivo del documental. Tienes que dedicarte por entero, con mucho esfuerzo. A veces las cosas no salen, hay años que vienen mal y las producciones que has querido levantar no salen o no consiguen financiación. Hay que aprovechar los años buenos para ahorrar un poco y para seguir construyendo. Tenemos mucha suerte de estar trabajando en un sector que nos apasiona.

 ¿Qué nos puede adelantar de sus próximos proyectos?

Ahora estamos con dos cortos de animación; uno que ya hemos terminado que se llama Tsunami, de la directora María Pulido. Otro que se llama Carmen, que está todavía en producción y se terminará hacia marzo o abril de este año, dirigido por Cecilia Pugglesi, de Argentina, siempre vinculados a temáticas sociales, que son las que nos han marcado el camino en la productora. En el primer caso es un corto que habla o reflexiona un poco sobre la vivienda. El segundo es un corto que habla sobre violencia, principalmente la violencia machista. También tenemos en producción el largometraje documental sobre Génesis Valenzuela, que es una cineasta dominicana. Ahora empezamos otro largometraje, de la directora María Abenia, que mezcla documental y ficción. Y yo ando cerrando un documental que comencé hace muchos años, algo pequeñito, un trabajo más autoral, sobre la persona, el hogar y la vida en soledad. Imagina la casa de tus padres, de tus abuelos, de tus bisabuelos, donde de alguna manera queda todo ese legado familiar, y tú eres la última persona, el último eslabón, porque ya no tienes descendencia. Es una película rodada en super 8, muy compleja por el formato, pero estamos muy contentos con la producción. Y en medio de todo esto, tenemos otras veintitrés películas en desarrollo. Al final, las productoras son eso, tienen que ser cajas o espacios donde estés con proyectos en varios momentos para que siempre estés produciendo.