Texto: Juan Manuel Pardellas
Antonia Varela es Doctora en Astrofísica por la Universidad de La Laguna (España), es directora gerente de la Fundación Starlight, ingeniera senior en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife.
Realizó su tesis doctoral en el IAC y en el Instituto de Astrofísica de París sobre física extragaláctica, y desde 1990 forma parte del Grupo de Calidad del Cielo del IAC. Preside la Asociación de Mujeres Empresarias, Directivas y Profesionales de Canarias (BPW Canarias) y es vicepresidenta de BPW España.
Ha publicado más de 100 trabajos en revistas científicas y en congresos especializados. Comunicadora científica, con más de un millar de contribuciones de divulgación en foros científicos, medios de comunicación (prensa, radio y televisión) y revistas especializadas. Durante 10 años fue responsable del Servicio Multimedia del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
¿Es compatible proteger los cielos con la prosperidad económica?
Totalmente. Proteger el cielo nocturno no solo es compatible con la prosperidad, sino que es una condición para que esta sea sostenible. La contaminación lumínica está directamente relacionada con el incremento de emisiones de gases efecto invernadero, afecta al patrimonio cultural de las estrellas, a la biodiversidad, a nuestra salud y a la calidad de vida. La iluminación adecuada –lo necesario, cuando corresponde y con la tecnología correcta– permite ahorrar hasta un 80 % de energía, reduciendo emisiones y costes públicos. Además, gracias a la Fundación Starlight sabemos que un cielo preservado es un motor de desarrollo económico: el astroturismo genera oportunidades reales y sostenibles en los territorios. Proteger el cielo convierte a las ciudades en lugares más sanos, eficientes y prósperos.
¿Por qué deberíamos mirar más al cielo y menos a las pantallas?
Porque el cielo nos conecta con nuestro origen: todos los elementos químicos que nos forman se generaron en las estrellas. La frase «Somos polvo de estrellas» es literalmente cierta. Mirar al cielo ayuda a comprender la evolución de la vida, el universo y nuestro propio lugar en él. La astronomía y la exploración espacial han impulsado tecnologías esenciales como el GPS, las telecomunicaciones, sensores, materiales avanzados o herramientas médicas. Incluso objetos cotidianos derivan de estas investigaciones. También tiene efectos en la salud: la oscuridad natural regula ritmos circadianos, reduce estrés y favorece el bienestar, mientras que el abuso de pantallas puede alterarlos. Además, observar el cielo fomenta conciencia ambiental y la necesidad de proteger la oscuridad nocturna.
¿Por qué Canarias sigue siendo una de las mejores opciones para el telescopio de treinta metros (TMT)?
Las condiciones astronómicas de Canarias son excepcionales: ubicación geográfica, clima, estabilidad atmosférica y altitud. Décadas de caracterización científica avalan que las Islas están entre los mejores lugares del mundo para observar el universo. A ello se suma el ecosistema científico existente en los observatorios de Canarias, que favorece la colaboración y la eficiencia, y una legislación pionera que protege estrictamente el cielo. Desde este contexto surgió la primera normativa específica y la Declaración de La Palma, que reconoció el cielo como un derecho de la humanidad. Existe además una creciente conciencia social sobre su valor estratégico. Todo ello convierte a Canarias en una localización óptima para el TMT o cualquier gran infraestructura astronómica.
¿Qué papel tiene hoy el Museo de la Ciencia y el Cosmos?
Más necesario que nunca. Nació con un concepto muy innovador: un museo interactivo, inspirado en el Exploratorium de San Francisco, cuya filosofía se resume en una idea sencilla: prohibido no tocar; la ciencia se entiende experimentándola. Su misión sigue siendo despertar curiosidad, fomentar pensamiento crítico y promover el conocimiento. Ofrece un recorrido riguroso por temas que van del cuerpo humano al cosmos, junto con un planetario que permite explorar el cielo y disfrutar espectáculos inmersivos sobre astronomía. Espacios como CosmoLab y Microcosmos y módulos emblemáticos –el tornado de Marte, el laberinto de espejos o el coche que se eleva con una palanca– permiten experimentar la ciencia directamente. En una sociedad saturada de pantallas, este museo crea experiencias reales que conectan ciencia y ciudadanía, y visibiliza referentes femeninos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), fomentando vocaciones científicas.
Protagonizó una experiencia extraordinaria en un vuelo de Binter. ¿Cómo fue?
El 29 de marzo de 2025, durante un vuelo Tenerife-Vigo que coincidía con un eclipse parcial de Sol, llevé gafas especiales para observarlo. Al explicarlo a la tripulación, no solo autorizaron la observación, sino que me invitaron a contarlo por megafonía. Durante el vuelo expliqué qué es un eclipse y cómo observarlo con seguridad. Pasajeros de todas las edades participaron, se turnaron para mirar con las gafas y preguntaron con entusiasmo. Incluso la tripulación se unió y se tomó una foto final. Una experiencia inolvidable que demuestra la cercanía de la compañía y su capacidad para convertir un vuelo en algo memorable.
Usted es una gran activista de la igualdad de género, ¿cuál es su mensaje para niñas, jóvenes y mujeres?
Que confíen en su talento y en su capacidad transformadora. El talento no tiene género: los límites son a menudo construcciones sociales. Es esencial derribar estereotipos, favorecer la conciliación y promover la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos. Desde BPW Canarias trabajamos para impulsar redes de apoyo y liderazgo femenino. Mi mensaje es que la disciplina, el esfuerzo y la pasión abren caminos; que se formen, se rodeen de personas que las impulsen y persigan sus metas sin renunciar a sus sueños. Necesitamos todo ese talento para construir el futuro.






