Por Natalia Barreto
Ilustración Judit García-Talavera
Treinta años después de Lunas rotas, Rosana Arbelo (Lanzarote, 1963) vuelve la mirada hacia el lugar donde empezó todo. Desde que aquel primer disco abrió las puertas a su música en 1996, ha publicado nueve álbumes, ha vendido millones de copias y ha recorrido los cinco continentes. Ahora mira hacia sus orígenes para contar no solo lo vivido sobre los escenarios, sino también lo que ocurrió detrás de ellos. Lo hace en Mejor vivir sin miedo, una docuserie que muestra a la persona detrás de las canciones, y con OMOW, el proyecto que lleva más de siete años construyendo para unir música, arte y comunidad. Sin perder a aquella niña de Lanzarote que nunca ha escondido: «Creo que quien debería salir de vez en cuando es la adulta que llevo dentro».
Treinta años después de Lunas rotas, vuelve a mirar hacia sus orígenes. ¿Qué ha descubierto de aquella Rosana que quizá no entendía cuando empezó?
He descubierto que el mundo no le abrió las puertas a mi música para hacerme famosa. El mundo le abrió las puertas a mi música para hacer un proyecto superbonito que nos tiene absolutamente entregados desde hace más de siete años: OMOW, Nuestro Mundo. En Mejor vivir sin miedo se propone enseñar a la persona que hay detrás de las canciones. ¿Ha sido más difícil contar su propia historia que escribir las historias de otros?
Siempre he terminado escribiendo lo que opino, lo que siento, lo que creo, lo que pienso y lo que sueño, tanto de lo mío como de los demás. Mejor vivir sin miedo es el resumen de las emociones que me despertó el éxito y también muchos de los momentos que viví durante estos treinta años. Escribir, cuando se hace de verdad, da igual que sea sobre la vida de los demás o sobre la propia, porque cuando uno escribe sobre algo está sangrando todo lo que siente.
Durante años el público ha conocido a Rosana a través de sus canciones. ¿Hay algo de usted que cree que la gente todavía no conoce?
A través de mis canciones soy de fácil conocimiento. Voy por la vida con el corazón desabrochado, siendo quien soy y como soy, sin olvidarme de dónde vengo y teniendo claro hasta dónde quiero ir. Conocerán un montón decosas más que antes, pero no porque
me haya resguardado ni porque haya guardado alguna historia que no haya querido contar. Simplemente, con el tiempo uno va cambiando cosas, formas de pensar y formas de sentir. Solo espero que siga siendo igual de bonito que hasta ahora.
Sus canciones han terminado formando parte de la vida de varias generaciones. ¿Hay alguna historia que le haya contado alguien sobre una de ellas que todavía recuerde?
Me han contado muchas historias. Al final, las canciones tienen tantos protagonistas como personas las escuchan, pero, sobre todo, tantos como personas se adueñan de ellas. Las canciones empiezan siendo mías y terminan siendo nuestras porque, cada vez que
uno las comparte, de alguna manera está regalando pedacitos de sí mismo a través de la música.
Nació en Lanzarote y después su música la llevó por todo el mundo. ¿Qué cosas de aquella niña de la isla siguen viajando con usted allá donde va?
Yo creo que, para empezar, la niña. Siempre les digo lo mismo a mi familia y a mis amigos. Cuando la gente dice eso de que hay que dejar salir al niño que llevamos dentro, muchas veces lo he pensado y lo siento de verdad: creo que quien debería salir de vez en cuando es la adulta que llevo dentro. A la niña nunca la he guardado en ningún sitio ni la he escondido, así que la llevo conmigo.
Después de treinta años de carrera y miles de conciertos, ¿qué consigue todavía sorprenderla de la música?
La gente, el ser humano. Todo lo bonito que regala cada vez que está ahí, alrededor. Cuando se juntan la música y la gente, ocurre la magia.
Con OMOW ha querido ir más allá de la música y crear un proyecto en el que el arte sirva también para unir a las personas y generar comunidad. ¿De dónde nace esa necesidad?
De ser consciente desde hace mucho tiempo, e hipermegaconsciente desde hace menos, de que lo único que me gusta más que la música es el ser humano. Y de que no me gustaría que el mundo siguiera así, tal y como va, rodando cada vez más despacito.
Ha pasado varios años construyendo este proyecto lejos del primer plano. ¿Qué le ha enseñado ese tiempo fuera del ritmo habitual de la industria musical?
Que tengo muy poca paciencia y muchas ganas de hacer realidad este bendito sueño, desde hace un tiempo compartido con un equipo bonito.
Ahora que vuelve a encontrarse con canciones que escribió hace tres décadas, ¿hay alguna que hoy cantaría o escribiría de otra manera?
Creo que no. Uno termina de componer porque decide que ha terminado la canción, pero una misma canción puede tener tantas versiones… Se puede hacer de tantas maneras, escribir desde tantos conceptos y tantas historias, puede haber tantas melodías, que sería supercomplejo. Miro hacia atrás y sé que hice lo mejor que supe hacer, así que me quedo con esas versiones.
Después de una carrera en la que ha conseguido prácticamente todo, ¿qué le queda por hacer por primera vez?
Conseguir todo lo que de verdad estaba previsto y de lo que yo no había sido consciente hasta hace poquito. Conseguir que la música vaya más allá de la emoción que genera en un corto espacio de dos horas. Ojalá conseguir, a través de la música, una pócima que hiciera posible que eso que pasa en los conciertos funcionara también así en la vida, todos los días y a todas horas, entre la gente del mundo.
Cuéntenos sus planes para el futuro…
Son muy ilusionantes. Por un lado, el más inmediato se llama Mejor vivir sin miedo, que es esa serie-vida-juego que tiene mucha trampa, muy divertida, y de la que pronto empezaremos a hablar. En paralelo está Más que barrios, que busca dinamizar las calles, vol
ver a la gente, a la tribu, a la comunidad; saber quién es el vecino, el hermano, los amigos… No solo conocer sus nombres, sino volver a comunicarnos con ellos. Y, en paralelo, una gira que en realidad son tres giras en una y que se llama Vamos a star. Dentro de esos tres encuentros, uno está de dicado a los treinta años de Lunas rotas; otro, a Más que barrios, creando comunidad en este tipo de encuentros; y el tercero tiene que ver con la serie-vida-juego.






