Texto: Rafael Turnes
Acuden a la cita miles de personas cada año. El encendido de las fuentes del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso (en Segovia) es desde hace años accesible para quien se acerque a este hermoso lugar del que se enamoró Felipe V y en el que fue enterrado cumpliendo con su deseo, junto a su esposa, Isabel de Farnesio. El primer Borbón que reinó en España (desde 1700 hasta 1746), más años que ninguno otro rey (cuarenta y cinco años y tres días), se enamoró de los bosques segovianos de Valsaín. Allí compró a los monjes jerónimos una granja, la ermita y los terrenos colindantes en 1720. ¿Querría compensar su nostalgia por Francia construyendo unos jardines a la francesa? ¿O no quería ser menos que los reyes franceses?
Fuese como fuese, ordenó diseñar y construir en ese lugar un gran palacio con jardines y fuentes al estilo versallesco que siguen siendo hoy un auténtico prodigio de ingeniería hidráulica, único en Europa. La referencia más clara son los jardines de Marly (Francia), en los que también el agua es una de las grandes protagonistas. Se convirtió así en el lugar de descanso y caza de la familia real, pero también el sitio al que Felipe V solía invitar a quien quería impresionar con el encendido de las casi treinta fuentes monumentales que se reparten por los distintos rincones de los jardines de la Granja. A esas exhibiciones de fuentes asistían la familia real, la corte e invitados selectos como embajadores de otros países. El chorro de una de ellas, la de la Fama, alcanza los cincuenta metros de altura y simboliza la grandeza de la Corona.
El sistema hidráulico que alimenta estas fuentes es el mismo que se implantó en el siglo XVIII y funciona por gravedad: no requiere ningún tipo de ayuda para el bombeo. El agua proviene de un embalse llamado Mar, que está cincuenta metros por encima del nivel de las fuentes. Una red de tuberías de hierro fundido desciende hasta el jardín y reparte el agua a cada una de ellas. Para encender cada una, hay que abrir una válvula manualmente. Se dice que en su momento era el rey quien lo hacía.
Ahora, para asistir a este espectáculo único en Europa, solo hay que comprar entrada en la web de Patrimonio Nacional, donde encontraremos las fechas y horarios en los que se ponen en funcionamiento algunas de las fuentes. De abril a agosto hay fechas ya disponibles y se detallan los nombres de las que se activarán. Canastillo, Ranas, Baños de Diana, Fama, La Selva o Carrera de Caballos son algunas de las previstas para este año a cinco euros por entrada. El paseo por los jardines también es obligado para llegar de una fuente a la otra. Y, cuidado, si no se quiere mojar, no se acerque mucho a la orilla de cada una de ellas porque la presión del agua va subiendo y subiendo y un soplo de viento le empapará. Es inevitable disfrutar del agua y de la alegría que despierta en todos los asistentes bajo el sol intenso de esos meses.
El agua de Segovia era cristal, la de Versalles, chocolate
Los materiales usados para la construcción de las fuentes fueron principalmente plomo, mármol y piedra blanca. Para simular el color del bronce, se pintaron de ese color. Pero el material principal, el agua, que es la gran protagonista, marcó la gran diferencia con las fuentes de Versalles. Cuenta la leyenda que en una de las exhibiciones reales, el duque de Sant Simon gritó: «Esta agua es tan cristalina que parece cristal, la de las fuentes de Versalles parece chocolate».






