Texto y fotos: Rafa Turnes

Si Goya levantara la cabeza, mejor dicho, el cabezón, o Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca, Lorca o Valle-Inclán, podrían ayudarnos a retratar el Madrid actual con sus manos y mentes prodigiosas. Pero los viajes en el tiempo parecen un imposible que solo encontramos en novelas, películas o series de televisión. Así que nos contemplan desde un punto de la ciudad, inmóviles, sin poder opinar ni iluminarnos, estatuas que nos recuerdan su trascendencia en el arte y la cultura hispánica. 

Podemos acudir al Museo del Prado para repasar sus pinceladas, eso sí, o repasar sus poemas, novelas, obras de teatro, y darnos cuenta de que están entre nosotros y que siguen vigentes muchas de sus creaciones, sobre todo, lo que nos contaban en ellas. Su alegría, ironía, el sarcasmo más ingenioso, la denuncia social, las aventuras y desventuras, el esperpento, siguen aquí, vivos. Ellos las acuñaron a la luz de las velas, nosotros las disfrutamos con luces led.

En las calles de Madrid puedes encontrar bustos y estatuas que rinden homenaje a estos seres por su legado cultural. Hay que decir que son muy pocas las figuras congeladas en bronce o piedra dedicadas a mujeres, tan pocas que cuesta encontrarlas. Emilia Pardo Bazán, la escritora gallega, es una de las pocas mujeres a la que podremos contarle lo que queramos sin esperar respuesta en la calle Princesa. Y el busto de Clara Campoamor, la abogada, política y escritora que luchó por el sufragio femenino y los derechos de las mujeres, lo encontramos junto al Centro Cultural Conde Duque (Malasaña).

De hecho, se puede hacer una ruta para disfrutar de Madrid uniendo los enclaves en los que están algunas de estas efigies. Por el camino nos sorprenderán otras, porque en la capital hay 290 estatuas (Patrimonio Urbano del Ayuntamiento), a las que hay sumar 577 bustos y otros elementos escultóricos. La mayoría se encuentran en El Retiro, en el Paseo de la Castellana, Recoletos y en la zona centro, en el entorno de la plaza Mayor. Sin perder las que saltan a la vista, como las fuentes tan conocidas como La Cibeles o Neptuno. En los buscadores online, es sencillo delimitar la búsqueda de estatuas, nos la sitúan en el mapa e incluso nos permiten unirlas como una ruta a seguir.

En esta ocasión, nos vamos a recrear con los relieves y los contornos de quienes hace tiempo que llenan los museos con sus lienzos, fueron los precursores de la novela, llenaron teatros con sus diálogos, nos hicieron reír, soñar y encontrar un verso de amor perfecto, o un soneto mordaz crítico con este mundo imperfecto, el de entonces y el de ahora.