Habrá viajeras experimentadas que cerrarán los ojos, sonreirán y visualizarán la taza humeante que hace presagiar el instante plácido y seductor. Otros que atacan estas primeras líneas pestañearán ante tamaña sorpresa: ¡café en Canarias! Sí, y reconocido internacionalmente por su origen, particularidades y tratamiento en varias islas, principalmente en Gran Canaria.

Agaete es la ubicación norteña imprescindible donde debemos acudir; nos internaremos en busca del grial cafetero en el feudo de la familia Lugo, entre otros terruños.

Mientras avanzamos, sobrecoge el escenario natural y los farallones que se alzan a nuestro paso, que tonificarán el espíritu al igual que lo hará la infusión hechicera que devuelve el resuello tras serpentear por la carretera, entre contrastes de verdes y ocres. En el valle se ubican los casi únicos cafetales de Europa y, por las especiales condiciones orográficas y de temperaturas, el grano o fruto puede presumir de una calidad incontestable.

Se afirma aquí lo de casi únicos porque en La Palma se está perseverando en una decidida acción por sostener este producto emblemático, un esfuerzo también extensible a La Gomera.

El café fue introducido en Canarias en 1788 a raíz de la creación del Jardín de Aclimatación de La Orotava (popularmente conocido como Jardín Botánico de Puerto de la Cruz), en Tenerife, y desde aquí dio el salto al Valle agaetero. Aunque se produjo en la mayor parte de Gran Canaria, el café al que nos referimos fue considerado como el de mayor excelencia por las condiciones climáticas en las que se ha cultivado.

El caficultor Víctor Lugo (quinta generación de la familia) destaca siempre que el prestigio internacional ganado por esta selecta materia prima se ha ganado a pulso y, en gran parte, por las visitas de turistas extranjeros a los entornos donde crecen los cultivos y se encuentran instalados los secadores. 

SOLO O ACOMPAÑADO DE GARAPIÑONES

Ni se les ocurra despistarse ante semejante sencillez que armoniza, si somos golosos, con este café tan exclusivo: ¡garapiñones! Mientras procedemos con la delicia de la variedad arábica –Typica–, podremos dar cabida a estas finas galletas crujientes con almendras, aromatizadas con matalahúva, canela y limón. Mientras tanto, asentiremos a cada sorbo de nuestro café ligero, aromático, complejo y con delicadas notas afrutadas y de regaliz y chocolate.