Por: Francisco Belín
Ilustración: Carla Garrido

Quién más, quién menos, incluidos los peques, todos han disfrutado de sus particulares festines gastronómicos, que en verano van cargaditos de elementos que precisamente no es que encajen con una supuesta dieta saludable. Al igual que antes del verano, con la operación bikini, toca la vuelta a la rutina, a los colegios, a las ocupaciones laborales: llega el momento de comer con orden. Del recetario de cada isla se pueden extraer inspiraciones para recuperar el tino a la hora de plantear y organizar nuestra nutrición a través de la mesura y el producto canario.

Si hacemos el repaso de lo vivido en los últimos dos-tres meses, no es que vayamos a ganar precisamente la medalla de oro de la nutrición sana. Pero tampoco nos hagamos el harakiri gastronómico, que en vacaciones también tenemos derecho a los clásicos excesos del comer y el beber. En catarata se vienen a la mente hamburguesas dobles, bocatas imperiales con las correspondientes jarras reglamentarias de cerveza, bollería y helados industriales a mansalva…, cuando no toneladas de pasta y pizza a la cualquier forma, nuggets de pollo y repostería de aquella manera para niños y niñas.

¿Ahora entran las prisas? ¡Claro que sí! Una vez más, ¿exceso de kilos y michelines? La neura no se combate deprisa y corriendo, sino volviendo al mercado y mirando atentamente. Con pausa, preguntando y revisando etiquetas.

Es cuando podemos darnos la satisfacción de preparar un potaje de jaramagos de Gran Canaria (hierba silvestre con propiedades medicinales) o de berros al modo de La Gomera (primoroso género silvestre). Abundan en este ideario culinario guisos, potajes, primeros platos…

Para saciar el hambre con fundamento nada como ese plato marinero de los fideos costeros de Lanzarote (con su sofrito y pescado fresco y fideos gruesos del 4), mientras que de Fuerteventura rescatamos una estupenda cazuela.

Materia prima y aportes, fundamental

Ponerse a la labor de cocinar salud es más fácil hecho que pensado. Frente a comidas preparadas, vayamos un día al mercado. Incluso ante un puesto de especias podemos fijar nuestro objetivo: ¡azafranillo canario! En nuestro propio móvil, con los recursos actuales, lo consultamos: «Se emplea para dar color y sabor a caldos marineros, guisos y para preparar el tradicional mojo de azafranillo». ¡Ya está! Para casa, que me lo llevo, y así con todo para sanear nuestra despensa y, claro, nuestro organismo.