Texto y fotos: Juan José Ramos
Durante mucho tiempo, la ciudad de Dakhla, ubicada en el extremo sur de la península de Río de Oro, fue un lugar de referencia para los viajeros transaharianos. Supuso la última ciudad antes de cruzar el desierto de arena y llegar a Mauritania. Conocida en la época colonial española como Villa Cisneros, fue un lugar de gran interés estratégico durante la época dorada de la aviación. La Compagnie Générale Aéropostale francesa tenía en Dakhla una de las escalas africanas clave en la ruta Casablanca-Dakar, pasando por Agadir, Cap Juby (Tarfaya), Villa Cisneros (Dakhla), Port-Étienne (Nouadhibou), etcétera.
En sus años de auge, a principios del siglo XX, hicieron escala los pilotos de Aéropostale, figuras legendarias como Jean Mermoz, Henri Guillaumet o Antoine de Saint-Exupéry, autor de El principito. Realizaron vuelos épicos bajo condiciones extremas para llegar hasta ese alejado rincón de la costa africana.
En la actualidad, el viento, la pesca y la belleza del desierto han vuelto a poner a esta región en el mapa. Cada año llegan hasta aquí un mayor número de turistas en busca de safaris en todoterreno, para observar aves, para fotografiar la naturaleza y para practicar kitesurf o surf. Campings y hoteles de diferentes categorías, restaurantes y cafeterías comienzan a proliferar y crean una amplia oferta de interés para el viajero.
Las aguas que bañan esta región son extremadamente ricas en pesca y mariscos. Hoy en día, en su puerto se concentra buena parte de la industria pesquera marroquí. Desde aquí parten contenedores frigoríficos para casi todo el planeta. Una parte de esas capturas surten a los restaurantes locales, que ofrecen diferentes pescados a la parrilla, en tajín o combinados con mariscos en parrilladas marineras.
La península de Río de Oro, formada por algo más de una veintena de kilómetros, es una especie de brazo que protege la bahía hacia el continente, creando algo así como un puerto natural de grandes dimensiones. La península fue originada hace miles de años por un cataclismo, un movimiento de la tierra que elevo parte del suelo marino, donde yacían millones de conchas de ostras, vieiras y almejas. Hoy, estas aparecen a la largo de toda la península en forma de fósiles de moluscos.
Las aguas someras del interior de la bahía son el lugar preferido por los amantes del kitesurf y windsurf. En la cabecera de la bahía, se ubican varios clubes, escuelas y campings especializados en esta práctica deportiva. Sin embargo, los viajeros más osados que prefieran las olas pueden encontrar varios campamentos de surf en las playas más expuestas al océano.
En el extremo sur de la península, se encuentra la punta de La Sarga, presidida por un pequeño faro que marca el rumbo al creciente tráfico marítimo. Lugar ideal para la observación de ballenas, delfines y numerosas especies de aves marinas, como págalos, paíños, alcatraces y gaviotas de varias especies. Algo más expuesto al Atlántico, en el punto más occidental de la península, se erige el antiguo faro de los españoles, uno de los más altos de la costa sahariana y un lugar ideal para contemplar la puesta de sol durante todo el año.
Buena parte de la bahía y su entorno han sido declarados parque nacional en el año 2014, con una superficie protegida de 14.000 kilómetros cuadrados, 400 de ellos en plena bahía. Son además zona Ramsar desde 2005, por su importancia internacional para la conservación de las aves acuáticas, en su mayoría migratorias. Además, esta área ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por su belleza e interés geológico.
El parque posee dos grandes zonas perfectamente diferenciadas: la franja costera protegida para facilitar el establecimiento de la escasa y amenazada foca monje y la conservación de hábitats de alto interés para las aves acuáticas y marinas, y las tierras desérticas del interior, donde aún sobreviven varias especies características de la región, como el gato de las arenas, el fenec, el chacal, aves de plumajes marrones y un importante número de reptiles.
Desde la misma ciudad de Dakhla, se pueden contratar diferentes servicios guiados para conocer la bahía y el desierto, siendo especialmente sugerentes los tours de varios días que incluyen una noche en jaima en medio de las dunas para contemplar la impresionante bóveda celeste libre de luces y contaminación. Se recomienda siempre contratar empresas locales que sean respetuosas con las comunidades y la cultura locales, el medioambiente y la flora y la fauna del desierto.


















