Como La Gomera, pero en dimensión mucho mayor, la forma de Gran Canaria se presta mucho al uso de «viaje, excursión o escapada redonda» en frasco intenso de cuarenta y ocho horas. Pero es que, por supuesto, sus múltiples atractivos hacen honor al tópico y, encima, la bola geográfica de esta isla ofrece también radios interiores de rueda que nos llevan a joyas como el Roque Nublo, pueblos de postal como Tejeda o un pinar que sorprende.
Les ofrecemos una ruta desde el aeropuerto hacia el centro, norte, sur y vuelta a Telde a través del corazón de una isla que supone mucho más que una gran urbe (Las Palmas), la sexta en población de España, o un sur de inolvidables playas. Nuestra primera parada la haremos en Valsequillo, donde podremos degustar sus célebres quesos, pasando luego a La Vega de San Mateo, otro de los referentes rurales, y adentrándonos aún más en las entrañas centrales hasta disfrutar de Tejeda y Artenara, donde proponemos almorzar.
Retomaremos el viaje hacia Valleseco y Teror, con parada obligatoria para disfrutar de su rico patrimonio, bajando luego a Firgas y Arucas, que también merecen visita. Seguiremos luego hacia la autopista del norte rumbo a Bañaderos, donde sugerimos un primer chapuzón, para continuar luego hacia Santa María de Guía y Gáldar, que ofrece visitas como las de la famosa cueva guanche pintada. Desde aquí, solo nos queda disfrutar de un último baño en Agaete y hacer noche en este entrañable pueblo de puerto referente.
Amaneceremos temprano y bajaremos hacia La Aldea por la carretera del noroeste. Al llegar a San Nicolás de Tolentino, convendría darnos el primer remojón antes de bajar a Mogán. Desde su zona más turística, la oferta de playas resulta enorme por una vía que casi pisa el Atlántico. Cualquier parada para almorzar se entiende, aunque acabaremos en Maspalomas, donde extasiarnos con unas dunas de ensueño. Subiremos luego al casco de San Bartolomé y bajaremos a Santa Lucía, Agüimes e Ingenio para volver a Telde.






