Texto: Galo Martín Aparicio

Del histórico Rally París-Dakar se quedaron muchas historias por contar. José Antonio Ponseti, periodista de la aventura y del motor, las cuenta en Cuando éramos pilotos, un libro publicado por Plaza & Janés. En sus páginas, tantas como dunas hay en el desierto, se suceden anécdotas, caídas, accidentes, robos, secuestros, polvo y una geografía africana mítica: el lago Rosa; el Teneré –un desierto que va desde el nordeste de Níger hasta el oeste de Chad–; el paso de Nega, en Mauritania; el paso de los Elefantes; y el árbol de Thierry Sabine, al norte de Achegour, en Níger, donde hay una placa y descansa para siempre el creador de este rally que hace tiempo cambió de escenario. 

En su libro se lee que el París-Dakar cambió la vida a muchos pilotos. ¿Qué le ha cambiado la vida a Ponseti?

África. Las primeras veces que estuve por allí fue como un shock. El África negra, la subsahariana, el desierto, los tuaregs, etc. Me decía a mí mismo que aquel era otro mundo, un mundo que no era el mío. En África nada es fácil, nada lo tienes a mano; sin embargo, hay una actitud positiva por parte de la mayoría de la gente que es brutal. Recuerdo que los paisajes, los amaneceres y los atardeceres eran demoledores. Me tenían absolutamente cautivado. Después de África empecé a ver las cosas de otra manera. En aquel continente cubrí el Rally París-Dakar, el de Túnez, el Safari, etc.

¿El París-Dakar era una carrera o una aventura?

Hoy en día es una carrera que se corre en el desierto de Arabia, donde la aventura es anecdótica. Es impensable, por ejemplo, que se pierdan trescientos participantes, como sí pasó en el París-Dakar. 

Antes de que el rally se corriera en América del Sur y Arabia, ¿la tecnología, el GPS, acabaron con la aventura del París-Dakar ideado Thierry Sabine?

La aventura y las posibilidades de ganar de algunos pilotos, como Joan Porcar, quien fue muy reacio a usar el GPS, se esfumaron con el sistema de posicionamiento global. Él me contó que pilotando no era tan bueno como Ari Vatanen, pero que sí lo era orientándose, lo que le valía para adelantar posiciones y estar siempre en el top 10. Sabía dónde tenía que ir. Pero todo eso se acabó con la tecnología. 

Los periodistas que cubrían el París-Dakar vivían lo mismo que los pilotos. ¿Cómo se preparaba, qué metía en su mochila?

Habías dos mundos para los periodistas: los que iban por tierra, que hacían lo mismo que los pilotos, y los que iban por el aire, en unos aviones en los que pasabas más miedo que vergüenza. Gracias a mis padres desde siempre he hecho mucha montaña. Era un chaval asilvestrado que no tenía problema en pasar dos días sin comer y que sabía orientarme. Esa experiencia y conocimiento fue una ventaja y una gran ayuda para cubrir el París-Dakar, el Rally Safari y el Camel Trophy. A esos saberes hay que sumarle lo que aprendí preguntando a los compañeros que ya habían cubierto esos rallies antes. En la mochila siempre metía ropa para el calor del día y de abrigo para las noches frías en el desierto, y dinero en efectivo –en el Dakar te cobraban por estornudar–. A falta de dinero, los bolis y mecheros Bic se canjeaban muy bien. 

Llama la atención que antes los grandes patrocinadores eran marcas de tabaco.

Sí, algo que hoy es imposible e impensable. Martine de Cortanze, la mujer por excelencia del Dakar, me contó que le pidió dinero a Coca-Cola para correr el Dakar. Le dijeron que si le pintaban de rojo la moto y le ponían su logo, después vendrían trescientos pilotos a pedirles lo mismo. Lo que hicieron es que la marca de refrescos le dio dinero con la condición de que cuando llegase al final de una etapa y del rally, se hiciera una foto bebiendo una botella de cristal de Coca-Cola. La imagen es brutal, muy potente. 

Cuando éramos pilotos hace mención a Laia Sanz, Cristina Gutiérrez, Rosa Romero, Joan Porcar, Carlos Mas, Jordi Arcarons, los hermanos Servià, Miguel Prieto, Salvador Cañellas, entre otros. ¿Carlos Sainz, a nivel competitivo, es el Michael Jordan del motor?

Lleva la competición en el ADN. Sabe que puede ser mejor o peor que otros, pero que siempre tiene que estar mejor preparado porque, si no, habrá alguien que le gane, y eso lo aplica ya no solo a él físicamente, sino a los coches. Tiene un contacto constante con los ingenieros, con los mecánicos. Ha conseguido cambiar absolutamente todas las reglas del juego. Cuando Sainz llega al Dakar se empieza a correr muchísimo. Ese nivel de competición que imprime Sainz en el Dakar termina convirtiendo el Dakar de hoy en día en una carrera pura y dura. Una carrera en la que se alcanzan los doscientos kilómetros por hora. 

¿Cuáles han sido las roderas, las referencias de Ponseti?

 Yo aposté por no seguir roderas. Desde el principio vi que la mayoría de las roderas te llevaban al fútbol, al baloncesto, y yo aposté por otros deportes porque realmente era lo que a mí me apasionaba. La suerte fue que esa idea me la compraron mis jefes. 

El lago Rosa era la tierra prometida del Dakar. ¿Cuál es la tierra prometida de Ponseti? 

Son varias tierras prometidas. Puede ser la montaña o el mar, es decir, Benasque o Miami. Son lugares en donde mi contacto con la naturaleza es absoluto. Cualquier desierto también es mi tierra prometida. Me impresionan. La vida ha querido que haya conocido más desiertos, como el del Gobi, no solo los africanos. 

Lugares donde no se puede bucear, algo que creo que le gusta. ¿Dónde se ha sumergido?

Sobre todo en Estados Unidos, Bahamas y el Caribe. Tengo pendiente hacerlo en La Restinga, en la isla de El Hierro. 

Arabia está acaparando todos los deportes; fútbol, golf, tenis y los de motor. ¿Qué le parece? 

Escribiendo Cuando éramos pilotos todos me decían que hoy en día hacer el Dakar de Thierry Sabine es imposible porque hay demasiados peligros. Entonces, entiendo que estos deportes busquen lugares… ¿seguros?, y donde el dinero les lleve. Estos países, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, lo que hacen es invertir en su imagen a través de todo tipo de eventos deportivos.

¿Qué significa para Madrid que se vaya a jugar un partido de la NFL en el Bernabéu? 

Que la NFL, una liga que en seis meses factura como las cinco grandes ligas de fútbol durante todo el año, te escoja es la leche. En Alemania hace dos años jugó Miami Dolphins contra Kansas City y hubo más de tres millones de solicitudes de entradas. Para Madrid va a ser la bomba, a nivel de impacto internacional y de cara a la promoción turística.