Texto: Juan Manuel Pardellas

Nació en Dakar en 1946. Ha recorrido medio mundo, defiende el uso de las lenguas locales como una herramienta de progreso cultural y económico. Alineado con los principales intelectuales del continente, Boris Diop también reclama la soberanía africana, con una relación de igual a igual con Europa, Estados Unidos, los brics y Turquía. Frecuenta Canarias y dice admirar la amabilidad de su gente y el ejemplo que ha dado al mundo en la manera de atender a los inmigrantes que llegan a nuestras costas. Nos concede esta entrevista, junto al medio digital Welcome Africa, en la gira promocional de su libro Un sepulcro para Kinne Gaajo.

Boris Diop fue jefe de redacción en uno de los principales periódicos de Senegal. «En veinte años, jamás recibí la llamada de un político; y eso habla mucho de la salud democrática de mi país», asegura. Está aterrorizado con la evolución de las redes sociales. «Es una plaga. En todas partes. Sé que hay que hacer algo, pero no sé qué. Las redes sociales son herramientas de espionaje. Lo saben todo de ti. Es terrible. Es preocupante. Muy preocupante». Para los más curiosos, sus títulos más vendidos son La gloria de los impostores, Murambi, el libro de los huesos, El libro de los secretos y Los tambores de la memoria.

Ha visitado Canarias varias veces. ¿Qué le gusta de esta tierra?

La gente, la gente, sinceramente. Incluso se lo dije ayer a mi hija Elizabeth, que está en Canadá. ¿Sabes?, solía viajar por todo el mundo. Pero para mí es una prueba de hospitalidad… ¿Cómo te lo explico? No es cómo interactúas con tus amigos en Las Palmas o Tenerife, ni con la gente que conoces, los amigos, tus colegas o cosas así. La verdadera prueba es cómo se comporta contigo la gente que no conoces, como esta señora que nos acaba de servir el café con esa sonrisa. Aquí, la gente no necesita conocerte bien para ser amable. Normalmente son amables. Así que para mí, sí, es verdad, ustedes tienen un paisaje maravilloso. Pero un país nunca es solo el paisaje. No se trata del mar, de la montaña, de los edificios. Se trata de la gente, y me gusta Canarias, de verdad.

¿Qué más ha visto durante su estancia entre nosotros?

Me impresiona que haya tantos migrantes que han llegado en barco. Ilegalmente, de todas partes, la mayoría, por cierto, son senegaleses. En cualquier otra parte del mundo, la gente de ese lugar estaría muy, muy enfadada. Dirían: «¿Qué hacen aquí? Nos están invadiendo». Sin embargo, eso no lo escucho aquí. Han sido muy acogedores. Sienten una especie de compasión por ellos. Quieren que esos jóvenes sean felices, que tengan una mejor situación. 

Usted ha viajado por medio mundo. ¿Qué significa la experiencia en sí misma de viajar?

La primera vez que salí de Senegal, mi primer viaje al extranjero…, tenía casi cuarenta años, treinta y ocho, para ser más preciso. Y vi cómo puedes tener una mente abierta cuando ves gente de otras partes del mundo. Aprendes mucho. De hecho, viajar es mi verdadera universidad. Mi verdadera clase universitaria. Para conocer personas, para poder escribir mis novelas. Pasé seis meses en Pyongyang, en Corea del Norte. Era joven, pero lo hice, creo que en el 84 o el 85, no recuerdo exactamente. He estado en Asia, en Norteamérica, en Europa, por supuesto, en África. Y siempre aprendo.

¿Y qué lección extrae?

La lección es que en todas partes somos lo mismo: humanos. Más allá de ser seres humanos, somos el mismo ser humano, pero no lo entendemos, no lo sabemos, y a veces parece que no queremos saberlo. Pero sí, deberíamos saberlo. Solo hay un ser humano.

Actualmente, hay varios miles de niños senegaleses en las Islas Canarias que sobrevivieron a la peligrosa travesía en cayuco. ¿Qué le diría al Gobierno que los tutela?

En Canarias, la gente tiene buena memoria. Recuerdan bien que sus padres y abuelos fueron migrantes. Fueron a Venezuela, Cuba, Argentina, Europa, América. Estaban en la misma situación. Así que lo que debería pedir al Gobierno es que nunca olvide su propio pasado. Es la misma situación.

Y a esos niños y jóvenes que han salido de su país ¿qué les dice?

¿Sabes?, es muy difícil decirles nada cuando ya están aquí. Los escucho hablar, la mayoría del tiempo hablan wólof, así que sé que son de Senegal. Lo que siento es que ya es tarde para hablarles. Lo mejor sería hablar con ellos antes de que salgan de Senegal. Es verdad, es un país pobre. Hay mucho trabajo por hacer y para desarrollar el país. Y creo que esa es la misión de los jóvenes, deben hacerlo. Pero ahora ya están aquí. No hay vuelta atrás. Y no pueden volver a Senegal o Mali.

¿Por qué dice que no pueden volver?

Es difícil psicológicamente. Muy difícil. Una vez que estás aquí, piensas: «Este es mi esfuerzo, mi oportunidad. La gente en Senegal espera que los ayude. Al menos aquí puedo sufrir solo. Sin la presión social».

¿Qué quiere decir con la presión social?

Escapan de la presión social, de la familia, los amigos. Por eso no pueden volver. Y, de todos modos, siempre piensan que hay algo mejor para ellos. Una oportunidad, dinero, un trabajo, una buena familia, educación… No puedes renunciar a tus esperanzas.

¿Qué opina sobre la política de visados entre España y Senegal?

No puedo juzgar a España. No puedo criticarlos por eso. Lo que creo es que Senegal debería aplicar el principio de reciprocidad. Si un español quiere venir a Senegal, deberíamos pedirle visado también. Europa puede hacer lo que quiera, pero debemos tratarlos como ellos nos tratan.

¿Cómo observa los últimos acontecimientos en política internacional? Si Occidente está en declive, ¿dónde estará el nuevo eje global? ¿Qué papel tendrá África?

Occidente, que dominó el mundo durante siglos, está en declive. Mira a Macron, a Trump… Y luego tienes líderes en Turquía, India, China, Rusia, Sudáfrica, políticos muy conscientes de lo que está en juego. Y África… parece estar fuera de todo eso. Nadie la incluye. Ni el Oeste ni los brics. Solo la ven como presa. Los intelectuales africanos no lo ven venir. Se avecina una nueva colonización, brutal, aunque no la llamen así.

¿Y cómo sugiere usted que África puede organizarse para resistir?

Debemos estar preparados cultural e intelectualmente. Respetándonos a nosotros mismos. Promoviendo nuestra cultura. Eso es lo que enseñaba Cheikh Anta Diop. Federalismo africano. Cultura africana. Soberanía africana. Él decía que África es la cuna de la humanidad. Todo ser humano proviene de África. Debemos ser conscientes de que seremos atacados. Y si nos respetamos a nosotros mismos, no seremos tan vulnerables.

Usted ha dicho que su país no necesita un Superman dirigiendo el país, solo alguien capacitado y no corrupto. ¿Cuál es la situación actual?

Creo que están haciéndolo lo mejor que pueden. Estoy seguro. Es el mejor Gobierno que hemos tenido, aunque no tienen mucha experiencia. Son jóvenes. Sobre la corrupción: están haciendo un gran trabajo. Hay menos prevaricación. Están luchando muy bien. Hay una buena organización. Y tenemos menos política, menos peleas políticas como antes. Y hay menos presión. Yo creo que Sonko [en referencia al primer ministro, Ousmane Sonko] y Diomaye [en referencia al presidente, Bassirou Diomaye Faye] son personas honestas, líderes honestos. Tienen buenas intenciones. A veces cometen errores, pero en general el panorama es muy positivo. Tengo esperanza.

Es la primera vez que le escucho un discurso tan positivo hacia su Gobierno…

Sí. Antes critiqué incluso a Sonko. Pero ahora es la primera vez que estoy optimista. Realmente están haciendo su mejor esfuerzo. Cometen errores, claro, pero están aprendiendo. Heredaron una situación muy difícil. Lo que más me gusta es su lucha contra la corrupción. Eso es lo más importante en un país pobre. Porque la corrupción es inmoral y destruye la economía. Hace que la gente piense que no necesita trabajar ni luchar por su país.

Una de sus cruzadas ha sido generalizar el uso del wólof, ¿ha conseguido avances?

La lucha continúa. Es muy importante. Estoy aquí porque uno de mis libros en wólof ha sido traducido al francés. La gente dice: «¿Por qué escribes en wólof, si es una lengua pequeña?». Senegal tiene dieciocho millones de personas. Pero eso es suficiente. Desde ahí se traduce al inglés, francés, español… Eso es lo que hacen todos. Mira Albania, tiene solo tres o cuatro millones de personas. Escriben en albanés y lo traducen. En Senegal, estamos empezando a promover nuestras lenguas. Es una cuestión de identidad y autoestima. Si no te respetas a ti mismo, ¿cómo esperas que otros te respeten? Además, cada lengua tiene un gran potencial económico. Perdemos mucho dinero por usar el francés.

¿Y en las escuelas ya se enseña?

Están preparándose para implementarlo desde la primaria hasta la universidad. Yo enseñé wólof en la Universidad Gaston Berger, en el norte de Senegal. Y hay un periódico digital en wólof que funciona desde hace diez años.

Hablando del periodismo, usted fue editor en jefe. ¿Cómo observa las redes sociales y la decadencia de los medios tradicionales?

Es una plaga. En todas partes. Sé que hay que hacer algo, pero no sé qué. Las redes sociales son herramientas de espionaje. Lo saben todo de ti. Es terrible. Es preocupante. Muy preocupante.