Texto: Álvaro Morales

Fotos: Saioa Arellano

Se suele recordar que algunos habitantes de Fuerteventura (majoreros) presumen de vivir en la isla canaria más grande… cuando hay bajamar. No es cierto, pero ni falta que hace: sirve de perfecta imagen de su infinita ligazón al Atlántico, a la fina arena dorada y a que, aunque con sorprendentes tesoros naturales e históricos en su interior, resulta imposible no pasearse por casi todo el litoral si se quiere conocer esta isla playa. Por eso, y en caso de llegar en avión, recomendamos seguir desde la capital (Puerto del Rosario) hacia el sur en busca de la, con total seguridad, mejor colección de playas canarias. En ese afán, pararemos por primera vez por Caleta de Fuste, donde desayunar y disfrutar ya de refrescantes baños. 

Bajaremos luego hasta Gran Tarajal, referente pesquero con playa de arena negra y el rinconcito entrañable de Las Playitas. Seguiremos descendiendo y podremos continuar los baños en sitios como Tarajalejo, La Lajita y otros, aunque recomendamos Costa Calma y las playas de Sotavento (Jandía), ese marcador paraje en el que la bajamar forma lagos y que lleva tiempo como referente mundial del surf. Desde aquí, pararemos en Morro Jable, su faro y su gran playa, donde almorzar. La tarde la dedicaremos a la otra vertiente, a los seis kilómetros de la inolvidable playa de Cofete, con la célebre mansión de Winter y sus leyendas sobre los nazis, rematando en Punta de Jandía para cenar y hacer noche en algún lugar desde Costa Calma.

Al día siguiente, aconsejamos pasar de nuevo a Barlovento, pero por el istmo de La Pared, adentrándonos luego en el interior hasta el casco de Pájara. Visitaremos la joya histórica de Betancuria (antigua capital, refugiada de los piratas) y seguiremos hacia el norte hasta la montaña sagrada de Tindaya, bajando después hasta las calas de El Cotillo. Desde aquí, recomendamos siluetar la costa de La Oliva hasta Corralejo, extasiarnos en las famosas dunas frente al islote de Lobos y bajar a la capital para terminar en Playa Blanca. Eso sí, es imprescindible disfrutar del pescado, el cabrito, la carne de cabra y los quesos.