Por Francisco Belín
Ya en Lisboa, el horizonte luso se presenta amplio para escudriñar, como así dejó constatado el mismísimo Nobel de Literatura José Saramago en su compendio Viaje a Portugal. El lector que haya tenido la oportunidad de viajar al país vecino sabe que guarda no pocos tesoros gastronómicos, basados en una cultura culinaria de sabor y cosmopolita, en la que hubo apertura a no pocas influencias de fusiones étnicas y foráneas. Al igual que Lisboa, la ciudad del Douro, Oporto, exhibe no sólo gastronomía marinera sino otras valoradas vertientes cárnicas como las tripas a modo Porto (una suerte de callos) o la simpática a la vez que contundente francesinha. No olvidemos los vinos de la franja de Gaia, esos oportos universales. Excelentes acompañantes en las catas para una torta de foie con frutos del bosque y pera caramelizada.







