Por Román Delgado
Fotos Shutterstock

Bonita a rabiar; verde, que te quiero verde; diferente en todas sus coordenadas, emocionante, reflexiva, pero, sobre todo, si lo que se quiere es desconectar y que esto funcione, La Palma se muestra tranquila, silenciosa, sencilla, pausada. El ritmo lo pones tú porque tuyo es el compás. Y todo está servido en un abundante y variado manto de naturaleza: costa, medianías, cumbre, barrancos, formas agrícolas… La Isla Bonita es visita obligada.

Como dicta la tradición en el campo, «hay que pegar temprano», y es verdad, también para aprovechar al máximo esta estancia de dos días. Se desembarca del Binter a primera hora de la mañana y, desde ese mismo momento, con la compañía de un coche, se activa el compás.

Lo primero, poner rumbo al nordeste pasando por la capital y luego Puntallana, donde merece la pena el mirador de la hermosa playa de Nogales. Esto, antes de alcanzar San Andrés y Sauces, con la idea de disfrutar del bosque de los Tiles (o Tilos), de laurisilva, y de los nacientes de Marcos y Cordero. Son dos clásicos, dos ineludibles.

Tras ese primer viaje al interior de la naturaleza, igual apetece un baño en el mar, en piscina natural o playa, para lo que están el Charco Azul y Puerto Espíndola, en San Andrés, o La Fajana, en Barlovento, donde se come.

Las ganas otra vez se activan y toca cara norte: verde, mágica y más desconocida, con costa abrupta, mar infinito, bosques termófilos (palmeras, dragos…) y pueblos y caseríos de ensueño: Gallegos, Franceses y Santo Domingo.

Desde Garafía se alcanza el Roque de los Muchachos, con observatorio astronómico y el mejor frío atardecer. Se corona y se baja, siempre con mucho cuidado, y se está en el pueblo de Las Tricias, en Puntagorda. Es el lugar de parada y fonda.

Cae la noche, descanso y nueva jornada, con llegada al mirador del Time: mar infinito, majestuosidad volcánica, con el Tajogaite y el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Desde este punto se va a la Cumbrecita, en El Paso, lugar privilegiado para un contacto más directo con el parque. También desde las cercanas Tacande o Tajuya se puede casi pellizcar el Tajogaite.