Por: Carla Rivero
Fotos: Lhaura Rain
Rosario camina todos los días, ya sea con frío, lluvia o viento, porque sus huesos le piden movimiento a los setenta y tres años. Vive en Santiponce desde joven y los pasos que da replican el ritmo de los romanos que un día, hace siglos, construyeron sobre Santiponce su hogar. Desde la estación de plaza de Armas, en el centro de Sevilla, al pueblo milenario hay apenas veinte minutos en guagua. Un trayecto en el que se suceden las casas de tonos en color albero, el barrio de Camas y una explanada infinita. En uno de los pueblos más bonitos de España aguarda uno de los yacimientos arqueológicos más ricos del país: Itálica.
Antes de llegar al destino, la vecina me lleva hasta una de las primeras paradas imprescindibles del municipio: el monasterio de San Isidoro del Campo. Una construcción del siglo XIII que se alza a las afueras y se encuentra a caballo entre el estilo gótico y la influencia del mudéjar, en el que es visible la tradición almohade. Lo primero que recomienda Rosario es caminar entre los naranjos que decoran el patio de la entrada, «¡como si fuera la catedral de Sevilla!», para luego entrar en la fortaleza. La leyenda cuenta que aquí yace san Isidoro de Sevilla, pero quienes tienen su mausoleo es la familia de Alonso Pérez de Guzmán, a quien el rey Fernando IV le dio el privilegio de reposar junto a su esposa.
El complejo tuvo hasta cinco claustros, una hospedería, una sala capitular, refectorio, celdas, y también huerta, granero, molino y caballerizas, es decir, una infraestructura para que la Orden Jerónima se autoabasteciera. Dedicados a la plegaria y al estudio, los monjes vivían entre murales llenos de escenas bíblicas, como la dedicada al árbol de la vida, y de retablos, como los de Juan Martínez Montañés o de Cristóbal de Mayorga, respirando arte. Además, la relación con Itálica era estrecha. En posesión de las tierras romanas, usaban los restos materiales en la construcción de sus dependencias. Entre los restos hallados, había una cabeza de Apolo que hasta mediados del siglo XX decoraba la espadaña del complejo eclesiástico.
Santiponce es parte de la ruta Vía de la Plata, una calzada romana construida en el siglo I a. C. con el impulso del emperador Augusto. La vía se asentaba sobre un corredor natural en el oeste de la península ibérica, entre lo que hoy conocemos como Andalucía y Asturias. Así, se convertiría en una de las principales vías de comunicación, siendo el pueblo una de las paradas para luego continuar trotando por Guillena, Castilblanco de los Arroyos, Almadén de la Plata y el Real de la Jara.
Al atravesar el núcleo urbano, la jarana se intensifica. Los lugareños atienden los bares, los toboganes del parque se llenan de gritos y frente a una peña del Betis se encuentra la parroquia de San Isidoro del Campo y San Geroncio de Itálica, enviado desde Jerusalén para evangelizar la ciudad de Sevilla. Hay altos en el camino para comer, como la Bodega el Mirador o Bodeguita Reyes y Nicómedes y, a las afueras, empiezan a entreverse, a un lado, las laderas verdes llenas de pinos y cipreses, y al otro, los restaurantes con nombres inspirados en el pasado latino, como la Gran Venta Itálica, la Taberna Romana o, ¡sorpresa!, el Ventorrillo Canario. Entonces, las verjas se abren a los visitantes venidos de todo el mundo para contemplar, por fin, el escenario de tantas vidas: Itálica.
La primera ciudad romana fundada en la península ibérica es del año 206 a. C. En una vasta extensión que visitan familias, curiosos e investigadores, se encuentran las termas mayores, la Casa del Planetario, la Casa de los Pájaros y su exquisito mosaico en el que se distinguen más de treinta especies, el Santuario de Des Caelestis, el Edificio de Neptuno o el Traianeum, el edificio dedicado al culto del emperador Trajano en el que se combinaban el espacio público y el religioso. La altura de los restos es imponente y, despacio, una se acerca al anfiteatro. El escenario de producciones audiovisuales como Juego de Tronos o Harem, protagonizada por Ava Gardner y Omar Shariff, fue testigo en tiempos pasados de la lucha de gladiadores.
«Aquí se tendrían que caer si llovía», reflexiona un niño junto a su hermano en uno de los salientes mientras contempla los asientos que estuvieron repletos de hasta 25 000 personas. Cansados de los juegos, los asistentes podrían pasear por el lago que se ubica al oeste del anfiteatro, una solución urbanística para evitar que las arroyadas inundaran el edificio. Pero antes se pararán a ver a la asociación Ulpia Eleia, que ensaya una actuación que conmemorará el nacimiento de Adriano próximamente y servirá para todo el mundo conozca un poco más el pasado romano que hoy permanece en la tierra andaluza, más vivo que nunca.
EL TEATRO DE ITÁLICA
Descubierto en 1937, el complejo se construyó en el siglo I d. C. durante el mandato del emperador Augusto, pudiéndose disfrutar en la actualidad de la celebración de espectáculos artísticos. En las excavaciones, encontraron las estatuas de Venus y Diana de Itálica y hasta un templo dedicado a la diosa egipcia Isis tras el escenario. Ana y José Manuel aprovechan las horas antes de volver a Segovia, «vinimos por recomendación de un amigo arqueólogo», y no se arrepienten de la visita.
LA SEGUNDA CASA DE LOS PONCINOS
Pocos saben que la actual Santiponce tuvo sus orígenes a las orillas del río Guadalquivir. Sin embargo, el 20 de diciembre de 1603 las casas de sus habitantes quedaron sepultadas bajo el agua; por tanto, los supervivientes construyeron sus hogares en las tierras cedidas por los monjes sobre las ruinas romanas. Un éxodo que les permitió prosperar en tierras más altas tras los estragos sufridos por la desgracia.
EL PASO DE SEMANA SANTA
Una de las celebraciones más grandes de Sevilla es la Semana Santa. Entre el 20 de marzo, domingo de Ramos, y el 5 de abril, domingo de Pascua, setenta hermandades y cofradías desfilarán por las principales calles de la capital para honrar la pasión y muerte de Cristo. Entre las citas más destacadas, da el pistoletazo de salida la hermandad de La Paz a su paso por el parque de María Luisa; también es ineludible la Madrugá, en la que procesionan Los Gitanos, El Silencio, El Gran Poder, La Esperanza de Triana y La Macarena; y en viernes santo, la procesión de El Cachorro por el puente de Triana, una de las imágenes más emblemáticas.













