Por Raquel Álvarez

Foto Mauricio del Pozo (Acfi Press)

Vídeo Roberto Medina (Acfi Press)

Ángela Merino, becaria en Recursos Humanos y de veinticuatro años protagoniza Binter Inside de marzo.

¿Cómo surgió la oportunidad de entrar en Binter?

Estudié Derecho en Bilbao y quise venir a estudiar el máster de Recursos Humanos y Dirección de Empresas. Cuando lo terminé, me puse a buscar trabajo y encontré esta oferta. Envié mi currículum, se pusieron en contacto conmigo, hice un par de entrevistas y pude entrar.

¿Qué significa trabajar en recursos humanos de una gran compañía?

El trato con las personas es muy importante. Recursos Humanos trata de cuidar a la gente que está dentro de la empresa. Binter se caracteriza por un trato excelente a los clientes y eso no surge de la nada. Para eso tiene que haber también un buen ambiente laboral dentro y creo que nuestro departamento es uno de los mayores encargados de que eso pase, que las personas de la casa se sientan cuidadas y escuchadas.

¿Quién le habló de África por primera vez?

Mi abuela es de Mozambique, es africana. Siempre he tenido como esa conexión con África. Mi madre nació en Portugal porque mis abuelos huyeron, aunque siempre me hablaba de que quería volver a su país. 

¿Cuál y cómo fue su primer viaje?

Deseaba hacer voluntariado y busqué empresas y oenegés. Mozambique no estaba en las listas, pero sí Uganda. No sé por qué pero ahí fui. No he ido de turista a ver los gorilas, sino a una aldea a ayudar. Se llama Ford Portal, a unas cinco horas del aeropuerto de Entebbe. El primer día, me sentía un poco nerviosa, no sabía cómo me iban a recibir al ser blanca, pero todo fueron abrazos y sonrisas. La verdad es que siempre me he sentido muy acogida allí. Su lengua local es rutoro y todos hablan inglés. Las otras dos veces que he ido ya por mi cuenta y con mi pareja me he centrado en las casas de estos niños del colegio y en estar con sus madres. Recaudo fondos entre mis conocidos y luego compramos allí mismo lo que necesiten. Ayudamos de dos maneras, a su economía local y a cubrir algunas necesidades que nos reclamen: literas, luz, cabras, gallinas, lo que nos digan. 

¿Qué le ha aportado esta experiencia en Uganda?

Me ha cambiado la vida. Me ayuda mucho a relativizar los problemas, a ser también mucho más agradecida, a saber buscar una solución a lo que va surgiendo en mi día a día; allí nada sale como tienes planeado. Creo que todo el mundo tiene que ir. La experiencia te obliga a parar. Aquí siempre vamos muy rápido y allí tienes que parar.

¿Qué proyecto sueña realizar?

Ayudar a todos mis niños y montar un hogar para ellos. Sus madres se van a trabajar temprano y se quedan solos, tengas uno o veinte años, hasta la noche. Una casa donde se sientan seguros. Un hogar.