Texto: Álvaro Morales
Fotos: Selu Vega
He aquí un recorrido de la costa al interior y viceversa que nos llevará a las impresionantes playas de Corralejo, a las calas de ensueño de El Cotillo o al espectacular y casi infinito litoral del sur, pero también a la mítica montaña de Tindaya, la riqueza histórica de Betancuria y rincones con tesoros culinarios de carne y queso
La habitual aridez de Fuerteventura enriquece la paleta en estos meses con un verde que incluso sorprende en zonas no tan del interior y que, por supuesto, contrasta con la irresistible oferta costera de Playas de Jandía (Pájara), Tuineje, Antigua y Puerto del Rosario: motivos más que sobrantes para comprar ya los billetes
De aquella sensación de destierro desértico que tanto atormentó a Unamuno a convertirse en uno de los mejores referentes costeros y turísticos del mundo por su impresionante oferta de playas, Fuerteventura agota la paleta de ocres, amarillos, marrones y azules por sus características orográficas y climáticas. Lo hace prácticamente todo el año y, encima, acariciada por unos vientos también emblemáticos que refuerzan esta condición tan del Sáhara, tan salvaje y casi tendente a la soledad, pero hay etapas del año, como la invernal y primaveral, que cuestionan los tópicos y el verde sorprende en áreas no tan del interior.
Les proponemos un intenso recorrido que parte del aeropuerto, en la capital (Puerto del Rosario). Tras desayunar y conocer un poco el municipio majorero más poblado y dinámico, subiremos a uno de los mitos paradisíacos de Fuerteventura: las impresionantes playas de Corralejo, con una fina arena rubia que coloniza muchas veces la carretera del Norte, que acompaña de cerca al Atlántico. Almorzaremos junto al puerto de esta zona turística de La Oliva, de donde parten los barcos hacia el islote de Lobos y Lanzarote, para visitar por la tarde la mítica montaña de Tindaya y acabar en El Cotillo, coqueto rincón con entrañables calas blanquecinas y amplia oferta alojativa para pasar la noche.
Al día siguiente, desayunaremos y tomaremos desde temprano la carretera del interior desde La Oliva hacia Betancuria, trayecto en el que comprobaremos los contrastes verdes de esta etapa por la zona más montañosa de la Isla. Llegaremos al rico casco de la que fuera capital majorera durante siglos por el miedo a los piratas y podremos adentrarnos, en varios museos, en la historia insular desde los majos a los primeros colonizadores, con relatos sobre la bien ganada fama de sus carnes de cabra y cabrito y sus inmejorables quesos. Por supuesto, y bien aquí o camino de Antigua o Tuineje, nos toparemos con varias ventas de estos productos emblemáticos y acabaremos el recorrido, según el tiempo que nos quede, en la enorme oferta de playas desde Gran Tarajal hasta la punta de Jandía (Pájara), con Costa Calma y las calas de Sotavento y Barlovento como grandes reclamos.












