Texto: Álvaro Morales
Fotografía: Selu Vega
La cala de Morro Jable o El Matorral, de nuevo reconocida con la bandera azul en este 2025, resume a las claras lo que supone Fuerteventura: una isla playa casi interminable que explica muy bien por qué los colores rubio y azul celeste marcan parte de los símbolos majoreros. Encima, y pese a sus grandes dimensiones, cuenta al lado con una amplísima oferta gastronómica y comercial, completos servicios y el encanto de uno faro que, en contraste con el de La Punta de Jandía, se integra perfectamente en este núcleo clave del desarrollo turístico del sur majorero.
Llegados al aeropuerto de Fuerteventura, y como se sabe, la oferta de playas resulta casi infinita hacia el norte, el sur o atravesando la Isla de este a oeste. Si nos da por irnos hacia el sur, hacia las famosas playas de Jandía, encontraremos antes de La Punta uno de los referentes turísticos de la Isla, Morro Jable, con una enorme cala del mismo nombre (aunque también se la conoce como El Matorral), que, una vez más, renovó en este 2025 su bandera azul porque simplemente lo merece: sus completos servicios, su limpieza, su rubia arena en contraste con ese azul generalmente dormido del Atlántico y la más que amplia oferta gastronómica y comercial en el entorno la convierten en una parada casi obligada por muy sobrados que vayamos ya de baños, arena fina y sol.
Para empezar, aparcar no suele ser difícil, aunque hay días y días, por supuesto. Desde su extremo sur, marcado por la curiosa torre de la iglesia, hasta las áreas de paso de múltiples aves (por encima del faro y mirando hacia el norte), esta gigantesca playa de casi cuatro kilómetros y medio de largo (de las mayores de Canarias) y una anchura media de sesenta metros, si bien hay zonas mucho mayores, lo tiene todo para detenernos un largo tiempo y hasta plantearnos quedarnos un par de días, si no lo teníamos previsto, en alguno de los numerosos apartamentos, hoteles u otras opciones de alojamiento. No debe extrañar, pues, la constante presencia de veleros y embarcaciones que saben elegir dónde lanzar el ancla.
Por lo general, y aunque siempre hay que tener sumo cuidado, el mar se muestra tranquilo. La infinita arena y sus dimensiones son ideales para los largos paseos al amanecer, el atardecer (qué lujo) o casi a cualquier hora. Si bien a veces algunas nubes despistan, el viento pronto actúa, despeja las luces de Apolo y hasta lo agradecemos para amortiguar un poco a la implacable estrella cuando le da por quemar y quemar.
Por supuesto, los servicios de tumbonas, parasoles y demás están a la altura, pero es que, pese a tratarse de una indudable playa urbana, su tamaño permite también sentirse absolutamente aislado, sobre todo en las zonas de los humedales, todos protegidos por la gran riqueza biológica.
Pero, como siempre, lo mejor es el agua, el mar, el océano en su esplendor, que regala baños reponedores en uno de los rincones del sur de Fuerteventura más dignos de visita. Un lugar que, más allá del desarrollo turístico, del trasiego por la presencia del puerto de Morro Jable, de servir de paso hacia la impresionante Punta de Jandía o hacia mitos salvajes como la playa de Cofete, al otro lado de la dorsal, simplemente merece una larga temporada, una estancia para descansar y gozar tranquilos de casi cada grano de fina arena de oro.
DETALLES:
Ubicación: en el sur de Fuerteventura, en el municipio de Pájara y con el puerto de Morro Jable como referente.
Bandera azul: sí, renovada este 2025.
Socorristas: sí, permanentes y en numerosas áreas.
Zona surfista anexa: sí se puede practicar, aunque no es uno de los referentes de esta parte de la Isla, que suelen concentrarse en las zonas más al norte.
Playa nudista: no es lo habitual, aunque sus dimensiones, a veces, lo permiten.
Restaurantes: amplísima oferta anexa en la trama urbana junto a la playa.
Baños: sí.
Duchas: sí.
Sombrillas y tumbonas: sí, y parasoles.
Adaptada para discapacitados: sí, en gran parte.
Aparcamientos: sí.
Transporte púbico: sí.
Perros: sí, en algunas zonas hacia el norte.
Curiosidades: la oferta comercial, de ocio y restauración, por supuesto, es de las más completas de Canarias, y no solo de día para aliñar los baños, sino de noche. Una noche en la que, además y como en otras muchas playas urbanas de las Islas, tampoco resulta inhabitual ver a gente disfrutando del océano, la arena y las estrellas con el faro y las luces de la civilización como preciosa postal.























