Texto: Álvaro Morales
Fotos: Rocío Eslava
Pensar en La Palma nos vuelve daltónicos de un único color: el verde monte y fresco que empapa de vida. Así era y seguirá siendo, pero cada vez se le mezcla otro tono que no solo contrasta y realza, sino que lleva a lo profundo, a la raíz, lo telúrico… A las entrañas de la tierra con un último volcán que está tornando el valle de Aridane en un segundo Timanfaya, en un atractivo turístico mundial que compense, al menos, el dolor causado.
Les ofrecemos una ruta que parte del aeropuerto de Breña Baja y, en poco, nos deja en la capital, Santa Cruz, para desayunar en uno de los cascos históricos más bellos de Canarias, sobre todo por sus casas balconadas y otras joyas. Seguiremos hacia el norte y, si el tiempo acompaña, les recomendamos bajar a la playa de Los Nogales, en Puntallana, para gozar luego del entrañable centro histórico de San Andrés y Sauces y el charco Azul, donde almorzar. La tarde la usaremos para adentrarnos en el monte hasta el observatorio astrofísico del roque de Los Muchachos, mito en el que las estrellas se hacen Tierra y la caldera de Taburiente se despliega imponente a los pies. Pernoctaremos en Garafía o en Puntagorda.
La segunda jornada nos llevará hasta Tijarafe, donde desayunaremos antes de bajar a Tazacorte para un primer baño, disfrutar del casco de Los Llanos de Aridane, subir hacia la zona de los volcanes del valle, con el último como gran reclamo, y bajar hacia Puerto Naos, donde comer y gozar de nuevo del Atlántico en su playa principal o el charco Verde. Por la tarde, nos dirigiremos hacia el sur para acabar en el faro de Fuencaliente, otro referente volcánico por el Teneguía, subiendo luego hacia el bello casco de Mazo o las Breñas (Alta o Baja) para cenar y rematar dos días inolvidables de un verdinegro marcador.

















