Por Astrid da Silva. Fotografías por Julio González

En el norte de España, dividido entre Cantabria, Asturias y León, se erige el mayor macizo de la costa atlántica, el parque nacional más grande del país y uno de los mayores de Europa, un tesoro de la naturaleza que maravilla a todo tipo de turistas, desde los más atrevidos y deportistas, que van en busca de emoción, hasta familias, parejas y amantes de la naturaleza que desean disfrutar de parajes de ensueño.

Montañas, praderas, lagos, bosques, picos nevados y pueblos encantadores es lo que encontrarás una vez que te adentres en el Parque Nacional de los Picos de Europa. Con más de 67 000 hectáreas de territorio, lo más aconsejable es organizar bien la ruta que quieres hacer para que no te pierdas lo esencial. Nosotros empezamos en Asturias, en los espectaculares lagos de Covadonga, y terminamos en Cantabria, desde donde teníamos nuestro vuelo de vuelta a Canarias. ¡Te contamos todo lo que no te debes perder!

Todas las indicaciones que nos dieron los lugareños coincidían en que lo mejor era empezar el viaje en Asturias, en Cangas de Onís, y continuar nuestra ruta de vuelta hasta Cantabria. Aunque este pueblo no está dentro del parque, vale la pena comenzar en este punto por dos buenos motivos: admirar el puente ojival, con la Cruz de la Victoria, y contemplar la primera panorámica de los Picos de Europa desde el mirador de Següencu.

Desde aquí se llega en apenas 10 minutos en coche a Covadonga, que parece un lugar imaginario, de cuento, con la peña del Auseva rodeada de bosques, la Santa Cueva y una cascada que cautiva a todos los visitantes. En este mismo punto se pueden comprar las entradas para ir en autobús hasta los famosos lagos de Enol y La Ercina, un lugar espectacular para disfrutar de la naturaleza, ya que mientras caminas por la ruta que une los dos lagos compartes el camino con caballos en libertad, vacas y ovejas que son trasladados a este punto para pastar. Es la postal clásica del parque, el punto más bonito de todos.

El siguiente paso que dimos fue dirigirnos al macizo de los Urrieles, para admirar el imponente Naranjo de Bulnes, que tiene una altura de 2519 metros. Si te atreves puedes subir a pie hasta el pueblo de Bulnes por una ruta de alta montaña o, como en nuestro caso, en un funicular que te deja a mil metros de altitud. Es una de las aldeas más remotas de España, desde donde puedes disfrutar de espectaculares panorámicas mientras estás rodeado por la paz que transmite estar en pleno corazón del macizo central.

Al día siguiente entramos a Cantabria por la puerta grande, por el desfiladero de La Hermida, el más extenso de la península con más de 20 kilómetros de longitud, definido por el río Deva. Es un lugar que te deja sin palabras. Nosotros recomendamos visitar la iglesia de Santa María de Lebeña y el mirador de Santa Catalina.

Uno de los últimos atractivos que aconsejamos visitar sin falta es el pueblo de Potes y el valle de Liébana, el lugar ideal para probar el orujo, los quesos ahumados de Aliva y el espectacular cocido lebaniego. Eso sí, tienes que ir con hambre, porque los platos son riquísimos y, con lo contundentes que son, resulta complicado no salir empachado.

Para terminar, quisimos poner un broche de oro a esta travesía de ensueño. En Fuente Dé descubres que la magia de los Picos de Europa es real. Subir al teleférico es transportarte a otra dimensión, es estar por las nubes y contemplar el espectáculo de la naturaleza desde la cima, aunque contarlo no es lo mismo que vivirlo. ¿A qué esperas para descubrirlo?