Por Raquel Álvarez

Foto Mauricio del Pozo (Acfi Press)

Vídeo Roberto Medina (Acfi Press)

Blanca Santana Lázaro es responsable de Tesorería GAIC y la protagonista de Binter Inside agosto.

¿Cómo llegó a Binter?

Somos casi coetáneos; nací en 1988, así que no concibo mi vida sin haber conocido Binter. La tengo muy presente, ya que es una empresa que forma parte de mi entorno y de mi cultura. En mi perfil de LinkedIn apareció un mensaje de un reclutador de recursos humanos. No estaba en búsqueda activa, pero solicité información y el puesto que me ofrecían me pareció muy interesante, y tuve la suer- te de que me seleccionaron. Soy licenciada en Administración y Dirección de Empresas, tengo un máster y domino áreas financieras, de logística y comercio internacional. Salté de tesorera de Operaciones Portuarias Canarias a Binter.

¿En qué consiste su día a día?

A diario tengo varias funciones de gestión de personal y estoy en coordinación total con mi equipo. Nos aseguramos de que se cubren los pagos a tiempo, que todo funciona como debe y que se reclama lo que hay que reclamar. También hago de interlocutora con los bancos, recopilo información acerca de propuestas de inversión y las analizo para colocar los excendentes y rentabilizarlos.

Un perfil tan técnico y enfocado en las finanzas, ¿cómo gestiona los recursos humanos?

Soy una persona muy perfeccionista, se nota en mis dibujos y en mi trabajo. Pero priorizo la calidad humana. Es decir, miras y velas por la compañía, pero sin olvidar que tratas con personas y que la vida no es solo trabajo.

En su caso, ¿cómo alguien tan cerebral, cualificado, perfeccionista encuentra esa vena creativa y sensible dibujando tan bien?

Crecí en una familia de padres funcionarios, exigentes, pero cariñosos y muy huma- nos. Soy fruto de eso; tengo una vena artística muy marcada y una sensibilidad bastante pronunciada también. Ellos me han fomentado el trabajo, la formación y la atención al detalle.

¿Cómo aprende uno a dibujar con una colección de libros?

De pequeña me gustaba el dibujo, veían que destacaba. Era la típica niña repelente que cada vez que se metía en un concurso de dibujo lo ganaba y los compañeros decían: «Si va Blanca, ya no quiero participar» (risas). Mis padres no encontraron clases de pintura para mí, pero un día trajeron unos volúmenes de Larousse, unos libros azules con vídeos explicativos. Me lo ponían, aprendí lo que eran bodegones, carboncillo, la sanguina, la sepia, acuarelas, el uso de las luces y las sombras… Con eso aprendí un poco de técnica y después ya seguí con la pura observación.