Atravesada por el Guadiana y a tiro de piedra de Portugal, Badajoz presume de tener la alcazaba más grande de Europa, con más de ocho hectáreas y bellísimas plazas, entre las que se encuentran la Alta, con sus fotogénicas Casas Coloradas; la de la Soledad, con su pequeña Giralda; la de España; la de Cervantes… Y, por supuesto, con una gastronomía única en la que los ibéricos y los quesos despuntan por mérito propio. 

Por eso, tras recorrer el centro histórico, visitar la catedral y perderse por las calles de la antigua judería, no hay nada como detenerse en algunos de los locales más emblemáticos de la ciudad para degustar los platos más reconocidos de la gastronomía pacense, siempre con un punto de excelencia y eclecticismo que sorprende al paladar a la vez que lo embelesa. 

La Corchuela 

Un referente, uno de los bares más antiguos de la ciudad. Aquí triunfan los clásicos: el embutido –jamón, lomo, chorizo y morcón–, el paté y, sobre todo, las migas extremeñas. Eso sí, tras la Semana Santa los dueños se jubilan, así que mejor darse prisa. 

Taberna Terrón 

Se denominan taberna 2.0 y han reinventado el concepto de taberna gracias a la decoración, la comida y con el guiño de la carta en pesetas. Por eso, aquí los clásicos se convierten en tapas imperdibles: la ensaladilla, los torreznos o las inolvidables croquetas de cachuela. 

Caesura 

Una de las propuestas más originales en el centro de Badajoz, con bastantes opciones para veganos y vegetarianos, y donde no faltan los guiños a las comidas oriental y latina. Su menú cambia en función de la temporada, así que lo mejor es pedir recomendación. 

Ajonegro 

Con una terraza en una de las plazas más bonitas de la ciudad, aquí no falla el atún del chef, compuesto por atún ahumado acompañado por crema francesa y sus crujientes, o el solomillo ibérico al ajonegro tostado. Además, siempre tienen sugerencias del chef. 

La bodeguita de Tetín 

Aquí lo más típico son las roscas, con sus nombres emblemáticos y perfectas para compartir, además de las croquetas de cocido, el volcán de patata con huevo y foie y un estupendo arroz meloso con carrilleras. 

Las joyas –ibéricas– de la corona

El jamón ibérico, el lomo o, con permiso de los cacereños, la torta del Casar o de la Serena son, junto con las migas extremeñas, la presa ibérica y el solomillo, los platos que no deben faltar. Y ojo, porque aquí algunos se sirven hasta con el desayuno.