Texto: Fabián Sosa
Fotos: Antonio Morales
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En el corazón de Andalucía, arropada por las montañas y los extensos campos de olivos, se enclava Córdoba, una ciudad cuyo trazado en sí mismo es un mosaico de culturas que dialogan y se superponen. En sus calles, Córdoba deja entrever su riqueza: la de una ciudad que a lo largo de su historia ha acogido –y despedido– a multitud de civilizaciones.

La mezquita-catedral –la dualidad de su nombre ya resulta reveladora– es un conjunto arquitectónico impresionante que fusiona dos de esas culturas: la islámica y la cristiana. Visitar su bosque de columnas significa dejar que la vista se pierda en la sensación de infinitud que generan sus arcos de herradura bicolores perfectamente dispuestos. Aquí, la luz se filtra suavemente, creando un ambiente envolvente y espiritual que guía el ritmo pausado del lugar.

Al cruzar el puente romano, con el Guadalquivir fluyendo bajo nuestros pies, la Torre de la Calahorra se alza como la guardiana de Córdoba. Se trata de una antigua fortaleza defensiva que siglos atrás protegió el acceso fluvial a la ciudad. Hoy, alberga el Museo Vivo de Al-Andalus, donde el visitante se remonta en el tiempo hasta la Córdoba califal. En sus salas, las maquetas, dioramas y recreaciones arquitectónicas ayudan a comprender cómo durante la Edad Media, cristianos, judíos y musulmanes compartieron espacio y tiempo en una ciudad que llegó a ser la más grande de Europa. 

En el Museo de Bellas Artes de Córdoba se conoce la ciudad a través del arte. Aquí se pueden atravesar siglos de historia de sala en sala, disfrutando de pinturas y esculturas que van desde la religiosidad que caracteriza al arte de la Edad Media hasta la vanguardia del siglo XX. Pero si queremos conocer de verdad Córdoba a través de su legado pictórico, es necesario parar a apreciar el estilo costumbrista de Antonio del Castillo y sus paisajes del Guadalquivir. Sin olvidar a las mujeres que a menudo protagonizan las obras de Julio Romero de Torres, que parecen condensar, en lo profundo de sus miradas, la identidad de todo un pueblo. 

Asimismo, Córdoba también es casa y laboratorio para artistas: cuenta con el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía, un espacio en el que el arte no solo es contemplativo, sino también se escucha, se experimenta y se construye. Entre vibrantes pinturas, sinuosas esculturas en metal y delicadas piezas de cerámica, emergen diálogos con composiciones digitales que nos trasladan al futuro.

LA MEMORIA SEFARDÍ DE CÓRDOBA

En plena judería medieval, frente a una de las pocas sinagogas de España, la Casa de Sefarad abre una puerta a la memoria de la Córdoba sefardí. Tras sus muros, este museo anima a escuchar la historia de una comunidad que fue parte esencial de la ciudad hasta su expulsión en 1492. Antiguos manuscritos recuerdan la persecución institucional por cuestión de fe durante la Inquisición. Pero no todo es dolor. También se celebra la cultura sefardí, se rememora a sus referentes femeninos y se traza el camino de la diáspora tras la expulsión. Un recorrido que ayuda a recuperar la memoria judía de Córdoba.