Texto: Nayara Acosta

Fotos: Rocío Eslava

Federico García Lorca describía Granada como una ciudad mística, bella y apasionada, pero también es el lugar perfecto donde detener el tiempo paseando por sus calles. El amor y el arte van de la mano en la ciudad nazarí. Las nuevas generaciones de artistas han sabido traducir los sentimientos que recorren al transitar por allí. El flamenco suena en sus calles, en sus cuevas, y se fusiona perfectamente con la vibra andalusí; desde Puerta Elvira y su majestuoso arco, pasando por todos los puestos con encanto para llevarte el souvenir con más alma que puedas encontrar, hasta subir la Calderería y empezar a confundir calles recorriendo el Albaicín. Allí podremos ver los  cármenes, cada uno más bonito que el anterior, antes de llegar al Realejo y Sacromonte. Los cármenes son las típicas viviendas granaínas, muy comunes en la zona del Albaicín y Realejo.

El sueño de muchas personas puede ser dormir con vistas a la Alhambra, y todos o la mayoría de los caminos miran hacia ella, desde una tetería, un monte, uno de sus muchos miradores, hasta acabar bajando la cuesta del Chapiz para hacer el bohemio y especial paseo de los Tristes (conocido así desde el siglo XIX por las penas de los familiares que se dirigían en cortejo fúnebre al cementerio), llegar a plaza Nueva y avanzar por sus calles hasta seguir perdiéndonos por Alcaicería y llegando a la catedral. Sin duda, hay que recargar fuerzas de tanto caminar estas calles con magia e historia, y las tapas son una experiencia imprescindible que hay que degustar: pescado frito, unas croquetas gigantes, arroz, un buen jamón y una cata de queso, un pincho de tortilla, sus berenjenas con miel, las habas con jamón, unas roscas o bocadillos considerables… Culminaremos con uno o varios piononos (postre típico de Granada) o, si hace calor, con un clásico helado italiano. Por supuesto, también se puede probar comidas de todo tipo en restaurantes variados, y especialmente platos orientales. Tampoco puede faltar la ruta de los kebabs. 

Al otro lado del río Darro, casi por carrera de la Virgen, después de contemplar más esculturas, historia y arte de cada rincón, podrá vivir la pureza en el conocido barrio del Zaidín, en el entorno de plaza de toros o en la mítica calle de Pedro Antonio. Lugares con mucho ambiente y donde están los verdaderos templos de sus tapas. 

El Hammam (baños árabes que se remontan a la época de al-Ándalus, de vapor caliente, que regeneran y purifican el cuerpo) es una opción para descansar de tantas rutas, y también lo es visitar, esquiar y seguir tapeando en Sierra Nevada, en algunos de sus pueblos, tan bonitos y sonados como La Alpujarra. Por último, tenemos el mar en la conocida como Costa Tropical. 

Después de disfrutar de todos los recovecos posibles de esta ciudad de ensueño, sentirá cuánto de cierta tiene la famosa frase adosada a unos azulejos en el entorno de la catedral: «Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada».