Texto: Román Delgado
Oviedo es una ciudad histórica y amable, un espacio que mima al visitante porque tiene alma y rezuma paz; también un destino que invita a repetir y al que se llega desde Canarias con vuelo directo de Binter desde hace cinco años.
Capital del Principado de Asturias y punto de partida hacia bellos e imprescindibles lugares, Oviedo luce señorial y verde, y afuera, muy cerca de la urbe, enamora el prerrománico asturiano, Patrimonio de la Humanidad. La ciudad atrapa por esa arquitectura, dominante en el centro y las afueras: dentro con la iglesia de San Julián de los Prados; fuera, con el entorno de Monte Naranco: Santa María y San Miguel de Lillo, acompañadas del Centro de Interpretación del Prerrománico Asturiano.
Al sur de la citada sierra, donde se estira la capital, las maravillas abundan, lo mismo que el disfrute y el ocio de la mano de una gastronomía apreciada y de la visita a mercados populares y vías comerciales con pedigrí, o bien desde la tranquilidad de un paseo.
El colorido lo pone en el casco histórico la plaza de Fontán y la antigua torre gótica de la catedral, una de las cinco elevaciones santo y seña de Oviedo y huellas del Medievo, del Renacimiento y del siglo XVIII. La catedral es además parada primigenia de los peregrinos del Camino de Santiago e imán de muchos visitantes con su Cámara Santa. En el mismo centro, el convento de San Vicente alberga el Museo Arqueológico, memoria completa de Asturias.
En los bordes urbanos, atrae el Teatro Campoamor, el de los premios Princesa de Asturias, y la serenidad y belleza del Campo de San Francisco.
El recorrido se completa con el disfrute de la cocina propia: fabada y cachopo o excelentes quesos y mariscos, todo junto a sidras y vinos de calidad.
EN DOS SENCILLOS SALTOS
-La mina y el carbón. En Langreo, minera por excelencia, es posible conocer la actividad económica otrora principal en Asturias. Se logra en el Ecomuseo Valle de Samuño, que repasa esa historia y mete al visitante en las entrañas de la tierra.
-Centro Niemeyer y Salinas. En Avilés, Salinas es la playa en todo su esplendor, enriquecida por la presencia cercana del Centro Niemeyer, un monumento moderno concebido para el arte, la cultura y las vanguardias.















