Por Rafael Falcón
Entró con fuerza en Canarias y su nivel de popularidad se mantiene. El pádel es un deporte ameno que engancha por su versatilidad. Uno puede agobiarse entre cuatro paredes, pero en el pádel esto es un disfrute total. Desde el primer momento que se empuña una pala, el practicante se divierte, ya que es relativamente sencillo pasar unas bolas y disfrutar del juego. Al contrario que otros deportes, no requiere al principio de gran destreza técnica ni un derroche físico excesivo para sentirse jugador.
Las Islas están repletas de pistas y de clubes de pádel, incluso el World Padel Tour, el mayor campeonato profesional del mundo, ha estado recientemente en La Palma y próximamente regresará a Gran Canaria.
Este deporte es una excusa perfecta para desconectar de la rutina diaria y pasar un buen rato junto a otros tres amigos. Las escasas dimensiones de la pista, la cercanía de los jugadores, y la ausencia de contacto físico, facilitan la comunicación entre ellos y, por norma general, esto aumenta el grado de implicación y diversión. Solo hace falta una pala, un juego de pelotas y una pista. Una de las ventajas que ofrece el Archipiélago es que se puede jugar al aire libre durante todo el año, circunstancia que en otras latitudes han tenido que solventar con pádel indoor, en clubes con pistas cubiertas.
Según unos últimos estudios, se estima que hay casi dos millones y medio de practicantes asiduos en España de los que un 52% dice practicarlo cada semana y un 48% lo hace todos los meses y 945.000 personas que lo juegan alguna vez al año. Un 10,4% de la población practica el pádel, situándose por encima de esta media las comunidades de Andalucía, Madrid (ambas con más de un 13%), Murcia, Comunidad Valenciana y Canarias. El boom en las Islas es enorme. Hay pistas en casi todos los municipios, en los complejos hoteleros y en cada vez más clubes privados.

Quedar con unos amigos, pasar un buen rato y hacer ejercicio físico es un plan ideal para alejarse de la rutina diaria. A medida que uno va mejorando puede ir subiendo el nivel, apuntarse en torneos y disfrutar también de la competitividad. Clases particulares, material de calidad o ropa adecuada son complementos a una industria la del pádel que ha ido en aumento.
Jóvenes promesas como los canteranos Diego Torres e Íñigo Jofre destacan en la pista, y nombres como Aday Santana y Marta Marrero compiten profesionalmente en esta disciplina, llegando a ser referencias nacionales (Santana ha sido campeón del mundo y Marrero es actualmente tercera en el ranking femenino de World Padel Tour). Un apunte: en Canarias es tal la aceptación que tiene el pádel, que la Federación Canaria organiza el próximo mes de agosto el primer Campus de verano para jóvenes de entre 13 y 17 años en Huddersfield (Reino Unido).
Quien haya jugado a algún deporte de raqueta tiene fácil jugar al pádel, pero quien no lo haya hecho nunca y tenga intención de introducirse en este apasionante mundo junto a un grupo de amigos tiene la opción de aprender en los distintos clubes de pádel de las Islas, ya que en ellos se ofrecen todos los servicios posibles. El área de juego es un rectángulo de diez metros de ancho por veinte de largo, con una red de por medio. En sus fondos está cerrada por paredes o muros en forma de U con una altura de tres metros. Las paredes laterales pueden ser rectangulares de tres metros de altura y cuatro metros de longitud en escalón (tipo europeo) o en diagonal (tipo americano), con un descenso de hasta dos metros. El resto de los lados se cierra con malla metálica que, a su vez, supera las paredes hasta cuatro metros de altura en todo el perímetro.
No hace falta correr en exceso; el aprendizaje necesario, saber estar, dominar la pista, tener control del juego y gozar de una técnica depurada harán que el pádel sea un deporte ideal para desplegar todo su ingenio. Sin olvidar nunca la parte lúdica y disfrutar del juego y del post partido con los amigos. Y es que Canarias es un paraíso para el deporte, con una temperatura ideal para jugar a cualquier hora, y disfrutar de al máximo.






