Por Luca Saavedra
Fotos Stock

Madrid tiene ese algo para ti, para mí y para él. Para quien llega por primera vez y para quien siempre encuentra una excusa para volver. Para recorrerla solo, en pareja, con amigos… y, por supuesto, en familia.

La Puerta del Sol es un buen lugar para partir. Buscar el kilómetro cero, hacernos una foto con el Oso y el Madroño y descubrir que, a pocos pasos, también vive uno de los personajes más importantes de la infancia: el Ratón Pérez. Su pequeña casa-museo, en plena calle Arenal, es territorio de cuento.

Madrid nos lo pone fácil para seguir caminando y descubriendo. Llegamos a la plaza Mayor, nos entretenemos bajo sus soportales y hacemos una de esas paradas que con niños casi siempre terminan apareciendo. En noviembre, además, un chocolate caliente con churros entra especialmente bien. Con las pilas cargadas seguimos hacia Callao y Gran Vía, aunque aquí avanzar en línea recta puede convertirse en misión imposible. Escaparates, jugueterías, librerías y tiendas nos van desviando del camino.

Y hay días en los que el frío también decide por nosotros. Entonces buscamos refugio, pero sin dejar de jugar. En el Museo de las Ilusiones nos hacemos pequeños, gigantes y dudamos hasta de lo que estamos viendo.

También podemos viajar en el tiempo. En la antigua estación de Delicias, el Museo del Ferrocarril nos recibe entre locomotoras y vagones de otras épocas. Recorremos los andenes y descubrimos con los niños cómo se viajaba antes, cuando subir a un tren era una
aventura muy diferente a la de hoy. Y si todavía nos quedan ganas de viajar, podemos hacerlo mucho más lejos. En el Planetario dejamos los trenes atrás para mirar al cielo y acercarnos a planetas, estrellas y galaxias.

Con los pies de nuevo en la tierra, nos vamos hasta el Retiro. En noviembre, los tonos del otoño se apoderan del parque y los niños tienen espacio de sobra para correr y jugar. Y si de clásicos hablamos, las barcas del estanque no pueden faltar. Subimos todos, repartimos los remos y empieza la verdadera aventura: conseguir avanzar en la misma dirección.

Para los pequeños futboleros, y para los no tan pequeños, Madrid tiene mucho donde elegir. Bernabéu o Metropolitano, blanco o rojiblanco. Recorremos sus museos, nos acercamos a los trofeos y descubrimos algunos de los rincones de dos estadios que forman parte de la historia del fútbol. Pero hay más. Podemos acercarnos a Vallecas para conocer la casa del Rayo Vallecano, visitar al Getafe en el Coliseum o llegar hasta Butarque, donde juega el Leganés y por donde esta temporada también pasarán la UD Las Palmas y el CD Tenerife.

Después de tanto recorrer Madrid, toca comer. Pero ya que vamos con niños, podemos saltarnos por un día el restaurante de siempre y buscar algo que les sorprenda. En La Latina tenemos dos opciones: Los Secretos de Lola, donde Disney se cuela entre mesas y rincones, y Storyland, al que entramos atravesando un armario para encontrarnos al otro lado con un mundo de cuentos. Imaginemos sus caras.

Si viajamos a finales de noviembre, Madrid ya empieza a vestirse de Navidad. Llegan las primeras luces, los escaparates cambian y comienza una de las épocas más bonitas para recorrer la ciudad en familia. Gran Vía, Sol, Preciados o la plaza Mayor brillan de otra manera. La Navidad empieza a asomarse…, pero esa historia merece su propio capítulo.

Pero tampoco te puedes ir sin…

Un poco de magia
Con 1, 2, 3… ¡Magia! en el Pequeño Teatro Gran Vía, para disfrutar y sorprendernos en familia.

Una función de títeres
En el Teatro de Títeres del Retiro, todo un clásico para ir con niños.

Conocer a los dinosaurios
En el Museo Nacional de Ciencias Naturales, entre fósiles y grandes esqueletos.

Ver Madrid desde arriba

Desde un mirador como el del Palacio de Cibeles y contemplar la ciudad desde otra perspectiva.

Perdernos en una juguetería
Curiosear un rato y dejar que ellos elijan un recuerdo de Madrid.