Planteamos dos días de impactos emocionales con playas de ensueño, como la de Papagayo; con el Parque Nacional de Timanfaya, que reconcilia con la naturaleza; el Mirador del Río, del que dan ganas de lanzarse al Atlántico; con obras de César Manrique que pueden marcar vidas, y con la perpetua sensación de pisar un paraíso en frasco pequeño.
Hace mucho que su leyenda traspasó fronteras. Su fuego interno, sus playas, sus casas blancas y el legado de César Manrique suponen un cóctel irresistible, pero es que, encima, su pequeño tamaño respecto a otras islas y su mayor planicie permiten visitar los puntos clave en relativamente poco tiempo. Les invitamos a 48 intensas horas en un rincón del Atlántico que, en realidad, supone casi un planeta en frasco chiquito, un comprimido cofre de sensaciones infinitas. Y es que Lanzarote representa eso y mucho, mucho más.
Partiremos del aeropuerto (San Bartolomé) y bajaremos al sur, a la turística Playa Blanca, en Yaiza. Desayunaremos en el núcleo urbano, rodeados de calas y una amplia oferta de servicios, para luego gozar de uno de los rincones canarios más espectaculares: la playa del Papagayo, lugar que no se olvida.
Para almorzar, tomaremos el sudoeste, visitaremos las salinas de Janubio y llegaremos al Lago Verde (El Golfo), donde disfrutar de un buen pescado en un sitio con más que merecido estatus cinematográfico. La tarde la dejaremos para la ruta de los volcanes, extasiándonos con el Parque Nacional de Timanfaya y acabando en la playa, los restaurantes y los ya míticos bungalós de Famara (Teguise) para dormir.
El segundo día lo arrancaremos en el bello casco de Teguise para desayunar, pasaremos luego al pueblo de Haría y seguiremos subiendo hacia el norte hasta el Mirador del Río, donde disfrutaremos de una estampa marcada por el archipiélago Chinijo, con La Graciosa tentándonos para coger un barco.
Almorzaremos en el puertito de Órzola, con la playa de La Cantería o Los Caletones como reclamos de sal. Por la tarde, visitaremos los Jameos del Agua, el Jardín del Cactus o la Casa de Manrique, pasaremos por Costa Teguise y remataremos en la capital, Arrecife, con su bahía, su playa y su blanco perpetuo.






