Por David Lorenzo 

Algunos personajes canarios han llegado a ser muy destacados a lo largo de la historia. Curiosamente muchos de ellos se han olvidado por una u otra razón. Este nos demuestra lo poco que conocemos de nuestro pasado. Consideramos que las islas eran y son un lugar apartado de España y por lo tanto sin posibilidades de aportar a grandes artistas, políticos, etc., al país. Pero esto es falso y aquí tenemos un ejemplo con O’Donnell.

Leopoldo O’Donnell es uno de los personajes más destacados de la historia política de España. Su apellido no deja lugar a dudas. Los O’Donnell habían llegado a Canarias desde Irlanda en el siglo XVII. Se vieron obligados al destierro tras perder en la batalla de Boyne. Increíblemente logran muy rápido  convertirse en una de las familias más prestigiosas del archipiélago.

Gran parte de su prestigio venía de la carrera militar que tenían todos ellos. Prácticamente toda la familia va a estar relacionada, de una forma u otra, con el ejército español y milicias canarias.  Esta experiencia, que era inculcada a los miembros de la familia desde muy niños, les convertía en unos magníficos estrategas.

El momento en el que Leopoldo O’Donnell empezó a despuntar en el ejército español fue durante la Primera Guerra Carlista. Llama la atención que mientras él se decidió por apoyar el bando isabelino tanto sus hermanos como su padre se decidieron por seguir el carlismo. Esta decisión fue la que hizo que comience su meteórica carrera.

Pocos años tarda en pasar de capitán a mariscal de campo, algo que le fue de gran ayuda para su carrera política. Aunque pueda resultar paradójico, los militares tenían un gran peso en España. Durante el siglo XIX el país va a ser muy inestable y generalmente los cambios radicales de gobierno (entre moderados y progresistas) se logran a base de golpes de Estado.

Tan fiel fue al bando de los isabelinos que defendió en todo momento la regencia de María Cristina. Sin embargo cuando ella es depuesta por Espartero, O’Donnell va a pagar un alto precio. Su carácter moderado le obligó a marchar al exilio en 1840 junto los que apoyaban el gobierno de María Cristina.

Cuatro años estuvo en el exilio. Para 1844 y con el general Narváez (moderado) en el poder ocupa un cargo político de relevancia: capitán general de La Habana, donde estuvo 4 años. Posteriormente vuelve a España, donde ocupa otros cargos de importancia, tanto militares como políticos.

Su despunte como político comienza en la década de los 50 del siglo XIX. Las actitudes poco democráticas del gobierno de Luis José Sartorius (conde de San Luis), tras disolver las cortes llevó a O’Donnell a actuar, junto con los progresistas. Esto llevó a un golpe de Estado en 1854 realizado por liberales de todos las ideologías. Su colaboración en el golpe hizo  que formara parte del gobierno de Espartero durante dos años como ministro de la Guerra.

Pero las ambiciones de O’Donnell eran muy grandes. Esto le llevó a fundar el partido Unión Liberal, que se definía como centrista. Ante esta situación decide en 1856 hacer un golpe de Estado a Espartero, quien es revocado. Comienza desde este momento una sucesión de gobiernos donde se alternará el partido centrista de O’Donnell y el moderado (más conservador) de Narváez en el gobierno.

Aunque apenas dura un año en el cargo (entre 1856 y 1857), no tarda en regresar al poder. En 1858 vuelve a ser proclamado Presidente del Consejo de Ministros (del gobierno), comenzando el que va a ser conocido como “gobierno largo”. Esta etapa es sin duda la de mayor crecimiento económico y estabilidad durante el reinado de Isabel II.

Es un periodo de apertura comercial y de incremento en la industrialización del país. Se mejoró la red de ferrocarriles y carreteras. También se construyeron importantes obras públicas. Además se mejora la administración estatal.

Es, igualmente, un periodo en el que se va a intentar expandir de nuevo al imperio español. O’Donnell realizará constantemente campañas que buscaban incrementar la influencia del país fuera de sus fronteras. Así se van a realizar incursiones militares en los países americanos (que desencadenó en la Guerra Hispano-Sudamericana). Sin embargo el conflicto más importante fue el de la guerra contra Marruecos en 1859.

A pesar de que estas guerras no supusieron (ni muchísimo menos) una importante expansión territorial de España sí que permitió lograr prestigio internacional como potencia europea. Además O’Donnell sacó muchos beneficios de estas decisiones, logrando nuevos títulos que engrandecían su apellido, entre ellos el de Grande de España.

Fue también un fervoroso defensor de Isabel II como reina. Su relación fue tan estrecha que hay rumores de que posiblemente ambos mantuvieran relaciones. Pero este trato favorable no fue para siempre. Aunque el gobierno largo, que acaba en 1863, fue exitoso posteriores no lo fueron tanto.

En 1865 vuelve a ser llamado por Isabel II para ser de nuevo Presidente del Consejo de Ministros. Ahora la situación del país no era el de la bonanza económica de años antes. La economía había empeorado y eran constantes los conflictos sociales. Además no contó con el mismo apoyo de la reina que antaño.

Un conflicto con Isabel II desencadenó su abdicación como presidente y su exilio a Francia  en 1866. Ya bastante enfermo muere apenas un año después. Aunque marchó del país su cuerpo fue posteriormente enterrado en la Basílica de Atocha. Luego fue enterrado en el convento de las Salesas Reales y descartado para formar parte del panteón de hombres ilustres.

En la actualidad su legado continua. Por su importancia como militar y político español ha sido reconocida su labor, nombrando calles en lugares como Madrid, Sevilla y Málaga. También cuenta con una calle en Santa Cruz de Tenerife, cerca del parque García Sanabria. En este mismo parque se encuentra un busto en su recuerdo también.

Para saber más:

  • Pérez Galdós, Benito (1979) O’Donnell. Madrid: Alianza
  • Urquijo y Goitia, José Ramón de (2008) Gobiernos y ministros españoles en la edad contemporánea. Madrid: CSIC