Por: Adriana Oliveros
Fotos: Stock
A Goya le pasa lo mismo que a Zaragoza: uno cree saber lo que va a encontrarse hasta que se acerca. Esperas al pintor de corte y aparecen brujas, fusilados y monstruos. Esperas una ciudad monumental, seria, quizá previsible, y Zaragoza te rompe el esquema.
Será el cierzo, ese viento que obliga a caminar inclinado hacia delante y tal vez explique nuestra fama de cabezones. Aunque antecedentes no faltan: Juan de Lanuza logró ser decapitado por defender los fueros antes de cumplir tres meses como justicia de Aragón; luego vinieron los Sitios y Agustina de Aragón. Y por si faltaban cabezas, tenemos hasta cabezudos.
Goya nació a pocos kilómetros, en Fuendetodos, pero aquí aprendió a pintar y dejó obra. Búsquenlo en el Pilar y, sobre todo, en Aula Dei. Él tampoco fue muy de moldes.
Zaragoza menos. Fue romana, musulmana, judía y cristiana. Tiene murallas de Caesaraugusta y la Aljafería, un palacio islámico cuya Torre del Trovador llegó hasta Verdi. Fue la Harta renacentista, repleta de palacios. Y guarda un bonus track: una quinta cultura, la estadounidense, que vino con la base aérea. Durante décadas convivimos con boleras, hamburguesas, coches enormes y radios por las que entraban rock, jazz y nuevos sonidos. Después llegaron Héroes del Silencio, Amaral y Kase.O. Saquen sus conclusiones.
Hay que caminarla. La plaza del Pilar reúne dos catedrales –entren en la basílica, pero no se pierdan la seo del Salvador– y una lonja que quita el aliento. Allí rodó Eduardo Jimeno Salida de misa de doce del Pilar, la primera película española conservada, y hasta tuvo remake. Y allí se casó Carmen Sevilla. Pongo al ¡Hola! de la época por testigo.
Después, piérdanse. Aquí hasta eso tiene tradición: la Campana de los Perdidos guiaba a casa a quienes desorientaba la niebla. Hoy háganlo por El Tubo, La Magdalena o Santa Marta, cambiando de barra y especialidad. Borraja, ternasco, mercados, food trucks y garnacha. Casa Lac sirve desde 1825; en La Clandestina pidan cruz de navajas, mejor tapa de España –con permiso de Mecano–; y en Moonlight, un community heroes de Borja Insa. Si consiguen mesa en Gente Rara, enhorabuena.
Pero, sobre todo, vivan la calle. Hay murales de Asalto, diseño, artesanía, teatros llenos, festivales, conciertos –organizados o al vuelo, en el paseo de la Independencia– y una costumbre difícil de explicar: estamos todo el día «encerradicos en la calle».
En octubre directamente nos desbordamos. Flores, música y gentes llegadas de España e Iberoamérica toman el Pilar en una ofrenda cuya escenografía contemporánea lleva la mano de Bigas Luna.
Zaragoza es Goya y grafiti, basílica y hip hop, cabezudos y diseño, cierzo y calle. Antigua, pero poco amiga de quedarse quieta. Vengan con una idea preconcebida. Cualquiera. Ya se encargará el cierzo de llevársela.









