Hay una España que se conoce mejor caminando. Está en las carreteras secundarias, en las aldeas de pocas casas, en una iglesia que aparece detrás de unos robles o en ese bar de pueblo donde el desayuno empieza bastante antes de que llegue el primer peregrino. El Camino de Santiago pasa por buena parte de ese territorio y ofrece una manera estupenda de recorrerlo durante unos días.
Las escapadas Camino de Santiago tampoco exigen reservar un mes entero de vacaciones ni lanzarse a recorrer media península. Una semana da para bastante. El tramo del Camino Francés que parte de Sarria, en Lugo, es una buena muestra, con algo más de cien kilómetros hasta Santiago que permiten hacerse una idea bastante fiel de lo que significa ponerse a andar cada mañana con una nueva etapa por delante.
DE SARRIA A SANTIAGO, SEIS DÍAS QUE DAN PARA MUCHO
Sarria se ha convertido en uno de los puntos de partida más conocidos del Camino Francés. Desde allí, la ruta avanza por la Galicia interior hasta llegar a Compostela. Lo habitual es repartir el recorrido en cinco o seis jornadas, aunque cada caminante puede adaptar las distancias a su forma física y a las ganas que tenga de detenerse por el camino.
Aparecen Portomarín, Palas de Rei, Melide y Arzúa, pero entre esas localidades hay un puñado de aldeas, caminos de tierra, puentes y tramos bajo los árboles que acaban ocupando tanto espacio en el recuerdo como los lugares con nombre en el mapa.
Disfrutar de los paisajes, sus gentes y su gastronomía. Llegar a Melide y sentarse ante un plato de pulpo tiene otro sabor después de varias horas andando. Lo mismo sucede con una empanada, un queso de Arzúa o el café de primera hora, cuando todavía quedan kilómetros por delante y las piernas tardan un rato en entrar en calor.
GALICIA VISTA DESDE EL CAMINO
Una de las ventajas de recorrer esta parte del Camino es que las jornadas dejan tiempo para mirar alrededor. El peregrino atraviesa zonas rurales donde todavía forman parte del paisaje los hórreos, los pequeños cultivos, las explotaciones ganaderas y las casas levantadas junto a caminos utilizados desde hace generaciones.
También van apareciendo iglesias, cruceiros y viejos puentes vinculados a la historia de la peregrinación. Parar unos minutos, entrar en una pequeña iglesia abierta o sentarse junto a una fuente antes de continuar es sentir el Camino en toda su esencia.
Quien quiera organizar la ruta con algunas cuestiones ya resueltas puede recurrir a empresas especializadas. Santiago Ways, por ejemplo, trabaja con viajes por diferentes itinerarios del Camino de Santiago y ofrece opciones que permiten gestionar aspectos como el alojamiento o el transporte de equipaje entre etapas. Es una alternativa especialmente cómoda para quienes disponen de pocos días y prefieren centrarse en caminar.
CUANDO EMPIEZAN A APARECER LAS TORRES DE SANTIAGO
Los kilómetros acumulados pesan y, al mismo tiempo, la cercanía de Santiago anima a continuar. El Monte do Gozo anuncia que queda poco. Después llegan las primeras calles de la ciudad y, finalmente, el casco histórico.
Entrar andando en la plaza del Obradoiro después de varios días de ruta tiene poco que ver con llegar en coche o bajarse de un autobús turístico. Cada uno reacciona a su manera. Hay quien se fotografía delante de la catedral, quien deja la mochila en el suelo y quien simplemente se sienta un rato.
Ese momento explica bastante bien el atractivo de las escapadas Camino de Santiago. El viaje cabe perfectamente en una semana, pero durante esos días pasan suficientes cosas como para que parezca más largo gracias a sus madrugones, cuestas, comidas compartidas, fotografías que quitan el aliento, algún chaparrón gallego y pueblos que probablemente nunca habrían aparecido en otros planes de vacaciones.
Sarria y Santiago están separados por poco más de cien kilómetros, parece una distancia modesta, pero, recorrida a pie, etapa tras etapa, da para conocer otra cara del norte de España y, de paso, entender por qué tanta gente decide volver al Camino.






