Texto Mónica R. Goya
Fotos Turismo de San Sebastián

La reina Isabel II, con su visita en 1845 por motivos de salud, inauguró, quizás sin saberlo, el filón turístico de la ciudad de San Sebastián, que con las décadas se convirtió en lugar de recreo de las clases altas.

Un recorrido interesante para descubrir sin prisas la ciudad –también llamada Donostia– es comenzar por el parque Alderdi Eder y seguir avanzando hacia la basílica barroca de Santa María del Coro, deteniéndose, eso sí, ante el Ayuntamiento, construido originalmente como el Gran Casino y uno de los mejores ejemplos de arquitectura de la belle époque de la ciudad. En el corazón de la Parte Vieja está la plaza de la Constitución –donde estuvo ubicado el Ayuntamiento hasta su traslado en 1947–, una de las plazas más bellas y con más ambiente del país.

Antes de lanzarse a disfrutar de la gastronomía merece la pena cruzar al otro lado del puente de Zurriola, donde se encuentra el Kursaal, un edificio contemporáneo firmado por Rafael Moneo que alberga el auditorio de la ciudad y el celebrado Festival Internacional de Cine.

La gastronomía sería razón suficiente para visitar Donostia. Una experiencia que hay que disfrutar es txikitear, es decir, ir de bar en bar probando pintxos acompañados de pequeños tragos, a menudo de txacolí (vino blanco joven), llamados txikitos. La mejor zona para hacerlo es la Parte Vieja. Las originales y pequeñas creaciones, caracterizadas por ser prácticamente del tamaño de un bocado y por estar sujetas con un palillo (el camarero calcula la cuenta final sumando el número de palillos en el plato), incluyen opciones clásicas y creativas. El Tamboril, donde los champiñones mandan; el Martínez, con sus especialidades de marisco; la Casa Vergara, con opciones rompedoras; o el Ganbara, así como las anchoas del Txepetxa, son algunos de los imprescindibles. Para una experiencia gastronómica redonda merece la pena visitar algún mercado local, como el de La Bretxa.

Para rematar la visita, Donostia es la ciudad natal de Chillida y sus obras están diseminadas por toda la urbe. En el pórtico de la catedral del Buen Pastor, encontramos su obra La cruz de la paz, mientras que en el monte Igeldo está El peine del viento y, por último, al principio de la playa de La Concha, está Homenaje a Fleming.

Alta gastronomía

El prestigio gastronómico de la ciudad no es baladí, como atestiguan los trece restaurantes reconocidos con estrellas Michelin –tres de ellos, Arzak, Martín Berasategui y Akelarre, cuentan con tres estrellas–.

El restaurante Zelai Txiki, ubicado en un caserío en la falda del monte Ulía, es uno de los mejores lugares para disfrutar de una propuesta de alta gastronomía de raíces autóctonas, elaborada con materia prima de cercanía y comprometida con la sostenibilidad.