Madrid se descubre caminando, pero también bocado a bocado. Después de una mañana de museos, escaparates, plazas y calles recorridas, llega uno de los grandes planes de la ciudad: sentarse a comer. O no hacerlo del todo. Porque aquí entra el concepto de irse de tapas, que se dice de la acción de recorrer distintos bares probando pequeñas porciones de comida acompañadas de una bebida. O, dicho de otra forma, de enlazar barras, compartir platos, probar especialidades y dejar que el plan se alargue más de la cuenta. Y Madrid tiene experiencia en eso. Porque aquí el tapeo es encuentro, sobremesa, cañas, risas y esa costumbre tan nuestra de pedir «una más» antes de levantarnos de la mesa.

La Ardosa

El clásico entre los clásicos. Abierta desde 1892, esta taberna histórica de
Malasaña sigue siendo una parada imprescindible pa- ra quienes llegan buscando cocina castiza. La tortillade patatas es la gran protagonista, aunque el vermú de grifo y las croquetas no se quedan atrás.

Docamar

Las patatas bravas mandan en Docamar. Crujientes por fuera, tiernas por dentro y con una salsa que ha convertido este local de Quintana en una institución madrileña y en el motivo por el que lleva décadas llenando mesas. Hay más cosas en la carta, pero aquí todos sabemos a qué hemos venido.

El bocadillo que sabe a Madrid

Puede parecer sencillo: pan crujiente y calamares recién
fritos. Pero pocas cosas tienen tanto peso en la
gastronomía madrileña como este bocadillo convertido ya en icono. Su fama creció alrededor de la plaza Mayor y hoy sigue siendo una de las
paradas imprescindibles de la capital para quienes quieren entender la ciudad bocado a bocado.

Restaurante Vinitus

Jamón ibérico, huevos rotos, croquetas, pulpo, montaditos o marisco desfilan por una mesa pensada para compartir. Cualquier plato que pidamos tiene muchas posibilidades de convertirse en un acierto. Con locales en Gran Vía y Alcalá, la torrija, considerada por muchos como una de las mejores de Madrid, pone el broche final.

Casa Revuelta

Pequeña, concurrida, a pocos pasos de la plaza Mayor y con el movimiento constante de las barras de siempre, Casa Revuelta lleva décadas siendo un must en el tapeo madrileño. Aquí el bacalao rebozado ocupa el centro de las miradas, y con motivo. Crujiente por fuera y jugoso por dentro, acompañado de una caña bien fría o un vermú.

Juana la Loca

Hay sitios a los que uno vuelve pensando en un plato en concreto y en Juana la Loca pasa con la tortilla. Jugosa, con cebolla confitada y convertida en el gran icono de la casa, comparte mesa con pintxos y propuestas más creativas como el nigiri de anguila teriyaki con foie. Una parada que encuentra su espacio en el barrio de Recoletos.