Por Natalia Barreto
Ilustraciones Ilustre Mario
Si el verano tuviera una dirección, probablemente estaría junto al mar. Y razones no le faltan. Playas para desconectar, paseos junto a la orilla, terrazas con vistas o simplemente el placer de contemplar el horizonte. Y si de mares hablamos, hay opciones para todos los gustos. No todas las playas se viven igual. Algunas miran al Mediterráneo, otras al Atlántico o al Cantábrico, pero todas recuerdan por qué el mar sigue siendo uno de nuestros destinos favoritos cuando llega el verano.
VALENCIA
Sabor mediterráneo
La Malvarrosa y Las Arenas son dos de las mejores cartas de presentación de la costa valenciana. Combinan amplios arenales, paseo marítimo y una animada oferta gastronómica en la que el arroz es protagonista. Muy cerca, el barrio del Cabanyal conserva su esencia marinera, mientras que la Albufera ofrece una escapada entre arrozales, barcas tradicionales y atardeceres inolvidables. Una combinación de playa, naturaleza y buena mesa difícil de pasar por alto.
CÁDIZ
A pie de playa
Pocas ciudades mantienen una relación tan estrecha con el mar como Cádiz, y pocas pueden presumir de tener dos castillos vigilando el horizonte. La Caleta, encajada entre San Sebastián y Santa Catalina, es una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. A ella se le suman los amplios arenales de La Victoria y Cortadura, perfectos para pasear junto al mar. Más allá de la capital, la costa gaditana presume de joyas como Bolonia, Zahara de los Atunes o Valdevaqueros.
VIGO
Mirando a las Cíes
Lo difícil de Vigo no es encontrar una playa, sino decidir con cuál nos quedamos. La costa se sucede entre arenales, pequeñas calas y rincones junto al mar. Samil, O Vao, Canido o Saiáns son algunas de las paradas más conocidas, pero hay muchas más. Y cuando parece que el paisaje no puede mejorar, aparecen las islas Cíes para completar una de las estampas más reconocibles de Galicia.
SANTANDER
Tesoro del norte
¿Será por la bahía, por la luz o por esa forma elegante de asomarse al mar? Lo cierto es que en Santander siempre acabamos mirando al Cantábrico. El Sardinero tiene buena parte de culpa. Sus dos grandes arenales, unidos por su paseo marítimo, dejan clara la relación de la ciudad con el mar. Luego está la playa de La Magdalena, que regala una de las mejores vistas de la bahía; Los Peligros, de aguas tranquilas; o El Camello, con la curiosa formación rocosa que le da nombre.






