Texto: Francisco Belín
Ilustración: Carla Garrido

El título de este artículo, del refranero popular, alude a un calorcito que llama a seducir el apetito con bocados livianos, sanos y de sabor intenso para huir de los contundentes condumios invernales pero demasiado sustanciosos para el verano. Citar muestras de aperitivos y raciones acordes con el estío supone avanzar por una cartografía infalible: producto de cercanía, platos míticos y clásicos, lo creativo y actual y, por supuesto, los cocineros y cocineras de Canarias. Vamos allá.

Antes de entrar de pleno en el verano profundo, cuando la canícula aprieta de verdad, el mes de junio constituye una estupenda lanzadera para conciliar hábitos alimenticios con antojos que no fallan si de contextualizar la gastronomía con el tiempo se trata. Vienen rápido a la mente los imprescindibles: camarones con cerveza helada; sartenada de lapas con mojo de cilantro y vino blanco canario; atún, sardinas o chicharros con papitas arrugadas y mojo rojo… ¡Ay, mi madre!

Todo esto a lo mejor ya con el bañador de turno y una copita bien servida de un espumoso elegante: burbujas que en la Islas expresan terruño puro. Aquí ya podemos jugar con la materia prima según responda al capricho del momento.

Tomate. ¡Vaya si tenemos joyas de una hortaliza de excelencia contrastada! Baste uno majorero, de Fuerteventura, o de Tinajo (Lanzarote). Simplemente troceamos en cuatro la pieza, chorreamos aceite de oliva de fábula (Gran Canaria como botón de muestra) y sal marina digamos que de Fuencaliente (La Palma). ¡Voilà! ¿Falta algo? Evidentemente el vino blanco bien fresquito de la variedad forastera gomera. Elixir puro.

Los hermanos Juan Carlos y Jonathan Padrón sugieren en uno de sus feudos –la capital tinerfeña– el fruto de la tomatera certeramente aliñado mientras que el joven chef Arymadan Meneses, cerquita del parque García Sanabria, propone un proverbial tatín de tomate que casa a la perfección con cualquier vermut canario.

Ensaladilla, sí, con su imponente remate del filete de caballa o este formidable pescado azul preparado en escabeche al estilo, por ejemplo, del restaurador tinerfeño Chema Vicente llaman al instante de sosiego en el que dejar fuera las prisas y enfocarnos en una media ración que, si es de pata asada, ya supone el acabose del placer. Brindemos, que es junio: ¡salud! 

SAN JUAN, PUNTO DE REFERENCIA

La víspera del 24, con la imagen perenne de las hogueras en nuestra mente colectiva, marca en cierto modo ese reseteo de la temporalidad de una comida en la que mandan los cánones de la levedad. Quesos, aguacate, incluso burgados encurtidos (si los encontramos), caviar gomero (huevas de lisa), salazones… Sabemos de sobra que el veranito se presta para combinar especialidades que aporten frescor y refuercen las ganas de desconectar de lo que ha sido una dura primera mitad de año. Para colofón, quizá, un gomerón, una mistela o cualquier licor artesanal canario.