Texto: Elena Horrillo
Recorrer el paseo de la Concha, flanqueado por su característica barandilla, es la mejor forma de dejarse mecer por el encanto tranquilo que destila San Sebastián. Además, permite detenerse en el café de la Concha, con buena oferta y unas vistas inmejorables. Eso sí, para tomarle el pulso a la ciudad, nada como visitar el mercado de la Bretxa o el de San Martín, que combinan los puestos tradicionales con pequeños espacios gastronómicos.
Aunque si el objetivo es degustar este rincón del Cantábrico entonces resulta indispensable acudir a la parte vieja y hacer una apetitosa ruta de pintxos, bien regados con zuritos (vaso pequeño de cerveza), txakoli o sidra. Entre las paradas debería estar el Ganbara, el Paco Bueno, la parrilla Txuleta, la Espiga, el Urola, el Txepetxa o el Borda Berri. Eso sí, hay que dejar sitio para la tarta de queso más famosa, la de la Viña.
Al día siguiente, se puede comenzar con un paseo por el monte Urgull, que, además de una panorámica preciosa de la ciudad, permitirá abrir el apetito antes de cruzar al barrio del Gros, junto a la playa de Zurriola y el Kursaal, donde hay quien dice que se esconde la mejor tortilla de papa o patata (en el Zabaleta) o la más espectacular ensaladilla rusa (en el Ezkurra).
Y el broche final lo ponen alguno de los más renombrados chefs del país. Los restaurantes Akelarre, Arzak y Martín Berasategui (en Lasarte) cuentan con tres estrellas Michelin, mientras que Amelia y Mugaritz (en Rentería) tienen dos.
















