Texto: Mari Carmen Duarte
Más de dos milenios saludan tras las medievales Torres dels Serrans. A la derecha se despliega el barrio de El Carme, donde el arte urbano se dibuja entre el convento del siglo XIII reconvertido en Centre del Carme Cultura Contemporània y la iglesia del Carme, con elementos góticos y barrocos. Museos de arte moderno, como el IVAM, y rincones míticos como el Portal de la Valldigna desembocan en el barrio de El Mercat.
Su epicentro es el Mercat Central, una obra maestra del modernismo valenciano hecha de hierro, cristal y cerámica. A su lado, la Llotja de la Seda, ejemplo del gótico civil y Patrimonio de la Humanidad, prueba del Siglo de Oro valenciano.
Cerrando el triángulo, la Esglèsia dels Sants Joans pasa del gótico al Barroco entre increíbles frescos. Más allá, el barrio de Sant Francesc despliega la monumentalidad de su plaza del Ayuntamiento, donde retumban las mascletàs y se erige el ecléctico consistorio y el edificio de correos y telégrafos, repleto de interesantes alegorías.
La calle del Poeta Querol, milla de oro valenciana, deja atrás emblemas del barrio, como la modernista Estació del Nord o el ecléctico Teatre Olympia, para adentrarse en La Xerea, con uno de los mejores ejemplos del Renacimiento en Valencia en el Museu i Esglèsia del Patriarca, una joya del Barroco clasicista en la iglesia de Santo Tomás i Sant Felip Neri y numerosos palacios entre el neoclásico y el rococó.
Junto a este barrio se descubre La Seu, kilómetro cero de la Ciutat Vella, con la increíble plaza de la Reina, donde se levanta la catedral gótica con sus tres fachadas –románica, barroca y gótica– y su campanario (El Micalet). Otra plaza, la de la Virgen, recopila edificios emblemáticos, como la basílica barroca conocida como Geperudeta; el Palau de la Generalitat, del gótico tardío; y el Tribunal de les Aigües, la institución de justicia más antigua de Europa.












