Texto y fotos: Rafa Turnes

La muralla que rodea el castillo de Buitrago de Lozoya es visible desde la autovía que une Madrid y Burgos, en plena Sierra Norte, a 84 kilómetros de la Puerta del Sol. Es el recinto amurallado que mejor se conserva de toda la región. Napoleón hizo parada en Buitrago antes de intentar poner orden en Madrid, lo hizo meses después del histórico 2 de mayo que despertó la Guerra de Independencia contra los franceses. Ahora es un pueblo amable, con una estela histórica repleta de batallas para hacerse con su control estratégico, anécdotas y leyendas.

No sabemos si Picasso estuvo en Buitrago. Sí que conoció a uno de sus habitantes, al barbero Eugenio Arias, durante su exilio en Vallauris (Francia), al que regaló cerca de 75 piezas de su arte. Desde 1985, se puede visitar, gratuitamente, el Museo Picasso de Buitrago de Lozoya (ubicado en los bajos del ayuntamiento), donde se conservan cerámicas, dibujos y litografías del maestro malagueño que son un canto a esta amistad de dos hombres exiliados en el país vecino: un discreto barbero, que donaría esta colección a su pueblo de origen, y un artista mundialmente reconocido.

La construcción de la muralla de Buitrago, que se asienta sobre un meandro del río Lozoya, se remonta a la etapa en las que los musulmanes dominaban la zona, entre los siglos IX y XI. La construyeron para frenar los ataques de los reinos cristianos. Resistieron hasta que, en 1085, Alfonso VI lideró la reconquista de Buitrago. Hasta el siglo XV, la muralla fue reforzada, se le añadieron torres, barbacanas, fosos, hasta alcanzar los 800 metros que tiene de perímetro. Se conservó casi intacta hasta la llegada de Napoleón y sus tropas en 1808, que hicieron de las suyas. Sin duda, fue un punto estratégico durante siglos para controlar el paso hacia Toledo o hacia Madrid. Ahora, es un lugar a visitar y para disfrutar por cómo se conserva. El tiempo parece que no pasa por Buitrago.

La muralla, que ha sido reconstruida y restaurada en distintas etapas de su historia, tiene tres puertas principales. La torre más alta es la del Reloj, de 16 metros de altura, y protege el castillo gótico-mudéjar, que cuenta con siete torres y un patio de armas. Una fortaleza (construida entre los siglos XIV y XV) que fue la Casa de los Mendoza, nada más y nada menos. Íñigo López de Mendoza fue nombrado marqués de Santillana en 1445 y una de sus herencias fue la villa de Buitrago, donde construyó, entre otras edificaciones, la Casa del Bosque, para el veraneo de su familia e invitados. Su legado en el pueblo es patente hoy en día y se le recuerda con el festival de música que lleva su nombre.

Recorrer Buitrago es un viaje por la edad media peninsular. Podemos imaginar alguna de sus batallas, a los defensores del castillo arrojando aceite y agua hirviendo para evitar su toma o a Isabel la Católica paseando por sus losas de granito después de realizar audiencias públicas para escuchar las demandas de sus habitantes, como así cuentan los trovadores, y después cenar con los Mendoza tras un día ajetreado. Juana la Beltraneja pasó parte de su infancia acogida y protegida para calmar a su padre, Enrique IV, que temía que la secuestraran por lo líos sucesorios de la época.

Sin duda, Buitrago fue uno de los pueblos más vivos de Madrid durante siglos y sigue siéndolo. Su patrimonio histórico y cultural, las rutas de senderismo (hay varias circulares) y su gastronomía invitan a perderse por sus calles. Nada como un cordero asado en horno de leña, un buen plato de setas de la zona, una sopa de ajo, para recuperarse del paseo y seguir camino de vuelta a Madrid o hacia la catedral de Burgos.