Texto y fotos: Salvador Aznar
Volamos a Murcia con la idea de visitar esta histórica ciudad mediterránea y posteriormente trasladarnos hasta la zona costera. La ciudad cuenta con diversos atractivos arquitectónicos y culturales, entre los que destacan la catedral de Santa María, construida sobre una antigua mezquita, y el castillo de Monteagudo, desde el que se pueden apreciar unas estupendas vistas de la ciudad y de las huertas que la rodean.
Tras callejear por el centro urbano para disfrutar del buen ambiente y de su gastronomía, emprendemos viaje hacia el litoral murciano para visitar La Manga del Mar Menor, situada a tan solo cincuenta kilómetros de la capital murciana.
El nombre de La Manga le viene dado por la larga y estrecha franja de tierra originada por sedimentos de rocas y arenas volcánicas, que a través de los tiempos fueron cercando las aguas de la bahía primigenia, hasta llegar a formar esa laguna de agua salada, conocida como Mar Menor. Un extraordinario paraje de la costa mediterránea, que se mantuvo virgen hasta la llegada del turismo en la década de los sesenta; a partir de ese momento, la zona comenzó a transformarse con la construcción de múltiples urbanizaciones e infraestructuras turísticas.
En 2016, La Manga del Mar Menor sufrió los efectos de la llamada «sopa verde», una masiva proliferación de microalgas, que afectaron gravemente el ecosistema de la zona. Este fenómeno, conocido como eutrofización, originó la muerte por falta de oxígeno de una ingente cantidad de peces y crustáceos. El exceso de nutrientes y nitratos que desde las zonas agrícolas y urbanas circundantes acababan vertidas en el Mar Menor fue el causante de esta degradación del ecosistema.
En la actualidad, tras las diversas actuaciones llevadas a cabo para restaurar las zonas afectadas, el Mar Menor vive un periodo de estabilidad ecológica y las aguas de la laguna vuelven a ser cálidas y cristalinas.
En sus numerosas playas de blancas arenas, además del refrescante baño y la posibilidad de realizar diferentes actividades náuticas, te sorprenderá la extrema tranquilidad que emana de todo el entorno.
La zona también cuenta con diversos espacios naturales, tales como Cabo de Palos, Parque Natural de Calblanque, Monte Blanco y Salinas de San Pedro del Pinatar. Estos lugares siguen conservando todo su valor ambiental y paisajístico, y son ideales para dar paseos en bicicleta y hacer senderismo o rutas de observación de aves.
Al llegar la noche y tras haber disfrutado de la naturaleza y de las diversas actividades que el lugar ofrece, los paseos, calles y avenidas se iluminan con coloridas luces de neón que le confieren a la zona un innegable ambiente festivo, lleno de comercios y terrazas en los que disfrutar de la gastronomía murciana e internacional.
Sin duda, su visita a esta zona costera de Murcia será una placentera experiencia que dejará un gratificante recuerdo en su memoria viajera.














