Texto: Román Delgado
Fotos: Jorge Telledo

¡Ay, Santander!… ¿Cómo te lo diría? Con tu mismo mar, con tu misma belleza, con toda esa elegancia desplegada durante tantos paseos y ante paisajes infinitos. Sí, con todo esto, que no es poco pero incluso puede ser mucho más.

La ciudad que es capital de Cantabria y a la vez reina en ese mar del norte, abierto y bravo como pocos, nace entre el agua marina que casi la circunda, entre olas ruidosas afuera y apaciguadas en la bahía, ante la zona interior, que es ruralidad: verdes, montañas y visiones de campo singular. Si tiene unos días y desea escaparse, como se dice ahora, ¿por qué no esta tranquilidad repleta de placeres y reclamos? No se lo piense dos veces: es el sitio.

Santander, para etapa breve, corta o de pocas jornadas, se disfruta con decisiones sencillas que transmutan hacia experiencias calmadas, profundas y siempre satisfactorias. Vale, por ejemplo, con pasear junto a la bahía, cerca de tan natural belleza en la misma urbe, e incluso mejor si a ese disfrute además se une la travesía en barco. Esta visita urbana se sustancia con el Palacio de la Magdalena o con un acercamiento cultural y estratégico, por las vistas, al Centro Botín. Desde tan moderna y sorprendente instalación, se acumulan magníficas panorámicas de la ciudad, que se muestra abajo.

Palacio de la Magdalena

Se halla en la península del mismo nombre, justo en el acceso marino principal a la bahía de Santander y en el lado oriental de la playa del Sardinero. Este patrimonio histórico se ha convertido en icono arquitectónico de la ciudad. Edificado a principios del siglo XX para ser residencia de verano de la familia real española, el palacio muestra un diseño sobresaliente y permite vistas al mar Cantábrico. Es posible acceder al recinto y apreciar sus jardines.

Centro Botín

Es una instalación de arte moderno y contemporáneo creada por el renombrado arquitecto Renzo Piano. Situado en el frente marítimo de Santander, el edificio es en sí mismo una creación magna, principalmente por su estructura flotante que simula una elevación sobre el mar. En este museo, de visita obligada en la ciudad, se celebran muestras temporales de arte y actividades culturales y educativas. Su inmejorable localización concede las mejores vistas de la bahía, sobre todo desde su terraza.

Mercado de la Esperanza

En él se encuentra una amplia muestra de los productos agroalimentarios locales. Es fiel reflejo de la historia pasada y presente de Cantabria. En el mismo corazón de Santander, oferta gran variedad de pescados, mariscos, carnes, quesos, frutas y verduras: resumen de mar y campo en un mismo lugar. Se convierte en el recinto perfecto para adentrarse en la idiosincrasia del santanderino.

Playa del Sardinero

Se puede decir que es la zona de baño más conocida de la ciudad, tanto por su belleza natural como por la calidad de sus aguas. Es perfecta para recorrerla con calma junto a la línea de llegada de las olas, para tomar el sol y para el zambullido. Posee un paseo donde se hallan servicios de bares, tiendas y restaurantes de cocina tradicional.

CÓMO LLEGAR

Binter conecta Santander con Canarias con cinco frecuencias semanales, los jueves, viernes y domingos, a través de Gran Canaria, y los lunes y miércoles, desde Tenerife.

DÓNDE ALOJARSE

Eurostars Hotel Real. En el paseo Pérez Galdós, 28, es un recinto con cinco estrellas y excelente valoración del servicio que presta por parte de sus clientes.

Hotel Santemar. Situado a ciento cincuenta metros de la playa del Sardinero y del Casino de Santander, tiene cuatro estrellas y oferta habitaciones con aire acondicionado.

PARA COMER

Como mínimo, estos tres establecimientos para chuparse los dedos.

La Bombi. De larga trayectoria profesional y unanimidad en su reconocimiento, es un clásico para disfrutar de platos con mariscos y de elaboraciones propias de la cocina cántabra. Se puede visitar en la calle Casimiro Sainz, 15.

La Mulata. Si un buen arroz es el objetivo, aquí uno de los lugares más valorados en la ciudad. Arroces y mariscos con sello español servidos en un restaurante pintado de azul y ubicado en la calle Tetuán, s/n.

Casa Cirana. En su web aseguran que tienen «el producto como máxima y el sabor como bandera, sin nada que lo enmascare». Cocina «a fuego lento», «con amor» y «sin prisas». Espacio de éxito y elegible en la calle Bonifaz, 13.