En el cementerio de Père-Lachaise, en París, donde descansan ilustres personajes como Jim Morrison, Oscar Wilde y Frédéric Chopin, existe una tumba que destaca entre las demás. En ella, solo se leen las siglas JNL. Siglas que ocultan la identidad de un hombre que marcó la historia de España: el doctor Juan Negrín López, último presidente de la República antes del exilio.

La vida de Negrín, nacido el 3 de febrero de 1892 en Las Palmas de Gran Canaria, se forjó en una familia acomodada de la calle Mayor de Triana. Sus padres, María Dolores y Juan, le proporcionaron la mejor educación que se podía recibir en las Islas. En el colegio religioso masculino de Nuestra Señora de la Soledad destacó por tener un buen desempeño académico que le permitió después tener estudios superiores. 

Tras completar sus estudios en Alemania, en las universidades de Kiel y luego la de Leipzig, logró graduarse en medicina en 1912. Trabajó unos años como investigador en Alemania y finalmente regresó a España en 1915. En nuestro país continuó con sus labores académicas, convirtiéndose en un respetado y prestigioso investigador a nivel nacional. 

A pesar de su prometedora carrera como catedrático e investigador, su interés por la política lo llevó a unirse al PSOE en 1929, oponiéndose a la dictadura de Primo de Rivera. 

Su ascenso político se consolidó con la llegada de la Segunda República en 1931. Negrín ocupó el cargo de diputado en las Cortes y participó activamente en comisiones parlamentarias de Presupuestos y Hacienda durante las tres legislaturas republicanas.

El estallido de la guerra civil en 1936 lo llevó a la cartera de Hacienda, cargo en el que tomó decisiones cruciales, como enviar el oro español a la Unión Soviética para protegerlo del bloqueo comercial europeo y usar una parte para comprar material de guerra, como armas, combustibles, etc. Esta acción fue tergiversada por el bando nacional, que lo acusó de la infamia del «oro de Moscú»: se afirmaba que el Gobierno republicano había regalado el oro español a los soviéticos.

Tras un tiempo como ministro de Defensa, Negrín asumió la presidencia del Consejo de Ministros en mayo de 1937; aquí se convierte en el primer y único presidente español de origen canario. Su lema «Resistir es vencer» reflejaba su determinación de prolongar la guerra, con la esperanza de que con el estallido de la (inevitable) Segunda Guerra Mundial la República lograse apoyo internacional. 

A pesar de su postura, en mayo de 1938 intentó negociar bases de paz con el bando franquista, sin éxito. Logró la apertura de la frontera con Francia para recibir suministros desde la URSS, pero en 1939, ante la derrota republicana, lideró la evacuación de los últimos territorios fieles a la República.

El golpe de Estado del general Casado en marzo de 1939 lo destituyó, forzando su exilio a Francia. 

Negrín defendió la legitimidad de la República hasta su dimisión en 1945, debido a las presiones internas dentro del Gobierno de la República en el exilio.

La lápida con las simples siglas JNL en Père-Lachaise encierra los secretos y contradicciones de un hombre que, amado por unos y odiado por otros, tuvo un comienzo prometedor pero terminó sus días en un oscuro y polémico silencio, algo que él mismo pidió fruto de la depresión y el pesimismo que sentía sobre el futuro de España. 

Afortunadamente, la memoria de Negrín está preservada por la fundación que lleva su nombre. La Fundación Juan Negrín se ha centrado en rescatar del olvido la rica trayectoria de este importante personaje histórico, recordando sus hazañas como médico, investigador y político español. Su labor contribuye a mantener viva la memoria de un hombre cuya vida estuvo marcada por la ciencia, la política y los desafíos de una de las épocas más convulsas de la historia de España.