Por Sylvia Madero

Fotografías por Dominic Dähncke

A 20 minutos de Madeira y con una superficie de 48 kilómetros cuadrados y una población de unos 5000 habitantes, Porto Santo ostenta el título de ser la más pequeña de las islas habitadas del archipiélago de Madeira. Con un turismo eminentemente estacional, que llega a aumentar la población de la isla hasta llegar a 30 000 habitantes, busca potenciar sus numerosos atractivos para postularse como un destino turístico más allá de su paradisiaca playa.

Su nombre surge cuando en el siglo XV los marineros Joao Gonçalves Zarco, Tristao Vaz Teixeira y Bartolomeu Perestrelo arribaron accidentalmente a la isla arrastrados por una tempestad, y decidieron bautizarla como Porto Seguro (puerto seguro) o Porto Santo (puerto santo) al sentirse afortunados de haber burlado a un destino funesto. Con la hija de Perestrelo, de nombre Felipa Moniz, se casó el navegante Cristóbal Colón, quien vivió durante algunos años en la isla y amplió sus conocimientos sobre cartografía y navegación. Su casa en el primer asentamiento de la isla y desde entonces capital, Vila Baleira, es hoy un museo y cada septiembre la ciudad dedica una semana al navegante con su festival colombino. Algunos dicen que fue en Porto Santo donde se inspiró para planear su viaje a las Indias, pero eso es otra historia…

Arena y viento

Vila Baleira y la kilométrica playa de Porto Santo atisbadas desde el mirador de Portela.

Inevitablemente, hablar de Porto Santo es hacerlo de su playa. Refugio de madeirenses que buscan esos kilómetros de arena que no encuentran en casa y extranjeros ansiosos de un turismo diferente y sin prisas, esta playa tiene algo especial. Turquesas aguas bañan sus nueve kilómetros y se encuentra catalogada entre las 15 mejores de Europa, además de disfrutar de bandera azul desde hace casi 30 años. Pero si hay algo que la hace única es su arena esponjosa, de un dorado intenso y cuyos granos cuesta desprender de la piel, como si quisiera quedarse contigo un poco más. De propiedades, dicen, beneficiosas para la salud, es resultado de la erosión sobre un arrecife de coral de una de las plataformas de la isla que hace miles de años asomó de las profundidades cuando el mar descendió. Está formada por sedimentos de corales, conchas, algas marinas y carbonato de calcio en forma de calcita, y es tan popular que es protagonista en multitud de tratamientos terapéuticos en la isla.

Si hay algo que la hace única es su arena esponjosa, de un dorado intenso y cuyos granos cuesta desprender de la piel, como si quisiera quedarse contigo un poco más

Y es que el actual paisaje de la isla, hoy cuatro veces más pequeña que en su nacimiento, responde a su formación volcánica, hace 18 millones de años, y al paciente trabajo de la erosión del viento. Un ejemplo de su poder aquí es Fonte de Areia, donde los portosanteños afirman que antes manaba el agua más pura de la isla y era utilizada con fines medicinales. Hoy, el lugar bien merece una visita, para comprobar cómo Eolo insiste en dejar su impronta en la roca caliza.

Balcones al mar

Vistas del Islote de Cal desde el mirador de las flores.

 

La isla está repleta de atalayas que regalan postales únicas al visitante y recorrerlas es otro de sus atractivos. Uno de los lugares más privilegiados para disfrutar de una perspectiva casi total de Porto Santo es el mirador de las flores. Desde aquí se nos presenta a nuestra izquierda la kilométrica playa, Vila Baleira; Facho, el pico más alto de la isla (517 metros); y la punta de Calheta, a lo lejos y bajo nuestros pies, donde disfrutar de una caldeirada de pescado con el mar y la costa frente a nuestros ojos es un plan nada despreciable. De frente, imponente y recortado por la espuma de las olas, nos mira impasible el islote de Cal.

Los molinos son recuerdo de un pasado marcado por la sequía en el que la agricultura, y por ende la molienda de cereal, era el camino para la supervivencia

Como antesala del mirador de Portela, desde donde se atisba el puerto deportivo y la zona sur de la isla, se abre paso una pequeña carretera bordeada de palmeras, con tres molinos que se yerguen orgullosos y conforman uno de los atractivos de Porto Santo, recuerdo de un pasado marcado por la sequía en el que la agricultura, y por ende la molienda de cereal, era el camino para la supervivencia. Antaño, hasta 41 de estos gigantes con aspas poblaban la isla.

Cual vigía, es indispensable asomarse en el mirador de Pedreira. Está situado en la cumbre del Pico de Ana Ferreira, que, con sus 283 metros sobre el nivel del mar, es el más alto del oeste de la isla. Años atrás el magma del interior de este volcán se enfrió, y hoy han quedado en su cima desnuda numerosas columnas basálticas que dibujan formas sinuosas en la pared. Junto a ellas, uno es consciente de la insignificancia del ser humano ante el poder de la naturaleza.

Años atrás el magma del interior del Pico de Ana Ferreira se enfrió, y hoy han quedado en su cima desnuda numerosas columnas basálticas que dibujan formas sinuosas en la pared

A los pies del mirador, el campo de golf. De 27 hoyos y diseñado por Severiano Ballesteros, se riega con agua residual de la isla y atrae a numerosos golfistas, ¿probablemente porque esté considerado como uno de los mejores de Europa?

Columnas basálticas en Pico de Ana Ferreira.

Una isla autosuficiente

Otro encanto de este punto en el Atlántico es la sostenibilidad. Porto Santo es ideal para aquellos que buscan un modelo responsable de turismo por la concienciación de sus habitantes con el medio ambiente y la implantación de proyectos como el que el Gobierno madeirense ha establecido en la isla. Smart Fossil Free Island pretende que en 2020 se hayan aumentado en un 80 % los recursos energéticos renovables y reducido en un 30 % las emisiones de dióxido de carbono y en un 25 % el consumo de combustibles fósiles.

Porto Santo ha logrado ser una isla autosuficiente energéticamente, gracias a la instalación de 11 000 paneles solares y a su parque eólico, el primero de Portugal, creado en 1986. Además, fue pionera en la potabilización de agua, gracias a su desalinizadora, establecida en la capital en 1979, y actualmente colabora con una empresa murciana en un proyecto para producir biodiésel a partir de algas marinas.

Porto Santo en números

La isla cuenta con:

19 taxis

10 hoteles

1 supermercado

1 gasolinera

1 farmacia

0 semáforos

40 restaurantes, 6 en la zona de playa

4 escuelas de primaria

1 escuela de secundaria

 

 

Cómo llegar

Binter tiene vuelos diarios a la isla de Madeira –un vuelo corto, de una hora y 20 minutos– y desde allí ofrece varias conexiones diarias a la más pequeña de las islas habitadas del archipiélago de Madeira, Porto Santo.

Conocida también como la “Isla Dorada”, su principal atractivo es su extensa playa de arena fina y dorada que se extiende a lo largo de nueve kilómetros y cuyas propiedades terapéuticas son su mejor reclamo. Sin duda un destino para combinar con una escapada a Madeira o visitarla con una excursión de un día.

Dónde alojarse

  • Pestana Ilha Dourada Hotel & Villas 4* Superior: amplias y modernas instalaciones en una zona muy tranquila y a cinco minutos de la playa, el lugar ideal para una escapada de relax y bienestar.
  • Hotel Villa Baleira 4*: con una excelente ubicación, cuenta con un gran centro de talasoterapia y spa. Está abierto todo el año y es ideal para familias.
Islote de Fonte de Areia, conocido como King Kong, por su parecido con el mítico primate.

Qué comer

Además de los platos típicos de la gastronomía regional de Madeira, como la brocheta de carne acompañada de maíz frito y el famoso picado, o su particular pan, el bolo do caco, en Porto Santo el pescado fresco es sin duda el plato estrella. Filetes de pez espada, pulpo, lapas o caracoles son solo algunos de los platos siempre presentes.

  • Restaurante Panorama: un imprescindible de Porto Santo, excelente comida con vistas espectaculares.
  • Restaurante O Calhetas: tipo chiringuito pero espectacular ubicación al final de la playa, para disfrutar con calma. Especialidad en mariscos y arroces.
  • Vila Alencastre: buena calidad en carnes y opciones veganas.

No te puedes perder

Porto Santo es la isla de las vacaciones para los madeirenses y un lugar ideal para una escapada en los meses previos o posteriores al verano.

  • Disfrutar de un paseo por su maravillosa playa, una de las siete maravillas de Portugal y con bandera azul desde hace décadas. Desde Ponta da Calheta hasta el muelle deportivo.
  • Un paseo tras el almuerzo por Vila Baleira, la única parroquia, salpicada de placitas y terrazas con mucho encanto, o visitar sus característicos molinos de viento.
  • Visitar la casa museo de Cristóbal Colón, con varias salas temáticas dedicadas a la expansión marítima portuguesa.

Más información en canariasViaja.com y revistabinter.com