Por Juan José Ramos Melo @JuanjoRamosEco

Durante los meses estivales, mientras paseamos por el bosque de pino canario en las cumbres de nuestras islas en ocasiones en medio de la oscuridad, entre las sombras de la noche un mariposeante y rápido vuelo se cruza de un lado a otro en nuestro camino. Es un murciélago, un orejudo canario, una de las especies más interesantes de las Islas. Un cazador incansable de mosquitos y polillas nocturnas, un auténtico aliado de nuestros sueños.

Son muchas las personas que se refieren injustamente a los murciélagos como ratones voladores o piensan que son chupadores de sangre, como si fueran seguidores del mismísimo Conde Drácula. Sin embargo, la mayoría, de las 1.100 especies que pueblan el planeta, son frugívoros o insectívoros, siendo los que habitan en Canarias grandes comedores de insectos. La única especie que se alimenta de sangre es un pequeño murciélago que vive en el norte de la cuenca amazónica de Sudamérica, que muerde al ganado y los grandes mamíferos mientras duermen para extraer su sangre usando una especie de anticoagulante que aplica con su lengua.

En Canarias, hasta el momento se han citado un total de siete especies diferentes de murciélagos, la mayoría en las islas centro occidentales, las más altas con grandes barrancos y superficies de bosque y tierras de cultivos, las menos ventosas. Característica clave esta última para la presencia de estos animales nocturnos, ya que el viento evita que se agrupen en medio de las masas de aire. Polillas y mosquitos son el principal alimento, que cazan ágilmente durante los erráticos vuelos.

Concretamente en los bosques de pino canario de Tenerife, La Palma y La Gomera vive uno de los animales terrestres más enigmáticos de Canarias, el endémico murciélago orejudo canario (Plecotus teneriffae) una de las joyas de la biodiversidad insular. Su nombre se debe a las protuberancias cartilaginosas que sobresalen tras sus oídos como si fueran dos grandes y gigantescas orejas. El pelaje de su cuerpo es de color marrón oscuro, algo más claro en los ejemplares de mayor edad. Vuela muy cerca del suelo, como si estuviera surfeando entre la brisa y las corrientes de aire.

Al igual que otras especies de murciélagos ha perdido prácticamente la visión y se orienta en la oscuridad de la noche mediante la emisión de ultrasonidos para informarse de la presencia de cualquier tipo de obstáculo durante sus vuelos. Durante el día, se suele refugiar en el interior de tubos volcánicos, cuevas o construcciones abandonadas. Es un animal aparentemente social, en los refugios habitan pequeños grupos formados por unas pocas decenas de murciélagos.

El Parque Natural de La Corona Forestal y el Parque Nacional del Teide en Tenerife, el de la Caldera de Taburiente en La Palma y los pinares del sur de El Hierro son algunos de los lugares donde podemos observar al orejudo canario cazando polillas delante de las luces de nuestro coche al circular durante la noche.

Desde hace más de treinta años, Domingo Trujillo y Rubén Barone, dos naturalistas tinerfeños, recorren durante la noche nuestros campos y espacios naturales con el objetivo de estudiar la vida secreta de estos desconocidos animales. Buena parte de la información que conocemos en la actualidad se debe a sus largas jornadas de campo. Ellos han sido testigo de cómo las poblaciones de murciélago han sido afectadas por nuestras actividades, la transformación del hábitat, la desforestación o la agricultura intensiva.

Los murciélagos en general son excelentes indicadores de la salud de nuestro entorno. El uso indiscriminado de pesticidas, insecticidas y otros productos fitosanitarios está poniéndoles en jaque, sufriendo importantes descensos poblacionales a nivel mundial. Esto es señal inequívoca de la alarmante situación de nuestro planeta.