Por Daniel Prieto
En la época estival suele ser normal que nos relajemos un poco (a veces demasiado) en lo que a llevar una alimentación saludable se refiere: helados, refrescos y demás bebidas altas en azúcares, comidas fuera de casa, alteración de nuestros horarios habituales, etcétera, sumado a que en muchos casos la actividad física disminuye, puede provocar efectos poco deseados en nuestro organismo y la tan fastidiosa subida de peso.
Uno de los primeros propósitos de septiembre es librarnos de las consecuencias de los excesos vacacionales y marcar las pautas para llevar una correcta alimentación y hacer de la vida sana un estilo de vida que incorporaremos a nuestra rutina diaria. Sobre todo, evitar caer en las llamadas dietas milagro, que por lo general resultan ser dañinas debido a las consecuencias negativas que tienen para la salud provocado por déficit de nutrientes”, tal y como indica la doctora María Martín, especialista en Medicina Interna.
“Un plan de alimentación estructurado, que se puede llevar a cabo entre dos y cuatro semanas, es el primer paso a seguir si hemos aumentado de peso y queremos deshacernos de esos kilos de más”, añade la especialista. “De lo que se trata es de comer mejor, por lo que no es recomendable prescindir o eliminar de la dieta alimentos básicos, pues el organismo necesita cantidades determinadas de hidratos de carbono, proteínas y grasas”, concluye la doctora Martín.
La actividad física es otro factor fundamental de cara a recuperar el peso y la forma que se pueda haber perdido durante las vacaciones de verano. “Andar, correr, montar en bici o nadar de 45-60 minutos de tres a cinco veces a la semana o incluso acudir a un profesional de la salud y el deporte que nos diseñe un plan personalizado a nuestra edad, condición física y objetivos, será clave para volver a la forma física deseada o incluso mejorarla”, destaca Carlos Álvarez, entrenador personal y experto en nutrición deportiva”.






