Por Enrique Areilza
En los últimos meses se ha convertido en un mantra, decir No es toda una aspiración. Sin embargo, el No, no es nuevo y a los más jóvenes se les ha puesto fácil diciéndoles a todo que sí. Por todos lados aparece esta nueva teoría de la autogestión personal y profesional. Recientemente, la prestigiosa Harvard Bussiness Review publicaba algo como: ¡No sólo digas No, celébralo en cada ocasión! Quizás algo exagerado, ¿no cree? Si bien la teoría del No, no es nueva. En los ochenta se prodigaban los libros de autoayuda, con títulos del tipo como Aprende a decir No.
Decir No puede ser rentable porque nos ahorra recursos, principalmente tiempo. Se trata de ponderar bien el coste / beneficio de un No. Ayudan a ello preguntas como: ¿Existe alineación con los objetivos? ¿Cuánto nos va a costar ceder y decir que sí? ¿Coste de oportunidad y posible coste físico y/o emocional? Además hay que prepararse para decir No. Debe valorarse el impacto sobre el solicitante (empatía), preparar una explicación corta, clara y honesta del rechazo, mostrarse firme y amable a un tiempo. Hay autores que aconsejan que debe practicarse en una habitación, gritando diez veces NO. ¿Extremista?

Un paradoja de la teoría del No es que los millenials y siguientes generaciones están perfectamente entrenados para ello. Y no es porque sus padres hicieran bien sus deberes, sino justo por lo contrario. Prevalecía la teoría del Sí a todo de padres a hijos. De manera que aprendieron rápido y bien a decir No a todo aquello que No les interesaba. Esa generación dice No con facilidad y eso es bueno según la corriente actual. En cambio los millenials llevan mal recibir un No y eso afecta a su tolerancia a la frustración. Todo ello tiene consecuencias sobre el tipo de estudio o profesión que eligen y/o prefieren. Las carreras más difíciles, pero con mayor expectativa de empleo están muy subrepresentadas (STEM: Science, Technology, Engineering y Mathematics) . Al mismo tiempo los millenials, en general, ponen por delante su interés / gusto por las funciones a desarrollar que por el trabajo en sí mismo. ¿Y quién va a hacer entonces aquello que no les gusta? Los más desfavorecidos , desgraciadamente, en ese caso, la teoría del No, se convertirá en la tiranía del No.
Paradójicamente, tras la crisis y sus duros efectos, el sistema no ha cambiado mucho y se mantiene en el Sí a lo que los chicos quieran. Según escribe Miguel Ángel Belloso en Expansión: “Los padres del momento, los padres modernos envenenados por la democracia mal entendida, o minados por el asambleario pedagógico, no saben decir que no…”
En el futuro, trataremos sobre cómo y cuándo decir No y si esta capacidad tiene distinción por sexo.






