Desde hace siglos, el pueblo de Adeje mantiene una estrecha relación con el agua, tan vital en tiempos pasados para la agricultura, el consumo y el propio desarrollo de la comarca. El barranco del Infierno, que corona el casco antiguo, jugó un importante papel, ya que su caudal de aguas casi perpetuas permitía disponer de este preciado elemento en un territorio árido por naturaleza. Para ello se trabajó duramente en canalizaciones, fuentes, acueductos y demás sistemas que llevaron el agua hacia al pueblo.

La Ruta del Agua, representada por la Escuela de Folclore de Adeje para no olvidar la importancia de este elemento en la sociedad, está fundamentada en la alusión a la ruta que el agua realizaba desde el barranco, pasando por fuentes y canales, hasta el mar. La próxima cita con la etnografía y disfrutar de la historia será en junio con las Jornadas Etnográficas de Taucho, a cargo del grupo Imoque de Adeje.







